Historia de Viracocha

Todas las religiones y mitologías tienen su propia história sobre la creación del mundo, con la cual buscan dar una respuesta a las preguntas de cómo es que estamos aquí, y qué razón puede tener nuestra existencia. Y la mitología inca no podía ser menos, con su correspondiente deidad.

Viracocha (también conocido como Huiracocha) es el dios sol para la mitología inca, además de creador del mundo.

El acto de creación del mundo inca guarda semejanzas con otras religiones antiguas, como la griega y la nórdica, ya que implica también unos seres gigantes, pero a diferencia de las anteriores, la religión incaica contempla -según algunos estudiosos- una segunda creación.

El motivo de esta segunda creación es que los primeros humanos y gigantes se habrían rebelado contra su creador, por lo que Viracocha inunda la tierra para destruir su creación y, de esta forma, empezar nuevamente salvando solamente unos pocos humanos.

En este punto -y no estoy sugiriendo ningún contacto entre ambas religiones- la mitología incaica guarda semejanzas tanto con el cristianismo (el diluvio y Noé) como con otras religiones antiguas.

Estos mitos de las religiones deben ser entendidos como el miedo a los fenómenos naturales, que hasta la fecha no han podido ser controlados por el hombre y que entonces tampoco se entendían.

Viracocha es, para los incas, también el responsable de poblar la tierra con diferentes pueblos humanos, a los que dota de la diversidad de lenguas, tradiciones e incluso cantos y danzas.

Aquí sí podemos percibir una diferencia clara respecto al cristianismo, ya que para los cristianos, la diversidad de lenguas y culturas viene de un castigo por la soberbia de un hombre (fábula de la Torre de Babel).

Viracocha también castiga a un pueblo que encuentra en su deambular por la Tierra, y que no lo reconoce como dios.

Este castigo consiste en hacer caer una bola de fuego del cielo (¿representación de un meteorito?) que mata a parte de la población, ya que en aquel pueblo habían querido matarlo. Los que sobreviven, lo reconocen como un dios y empiezan a adorarlo.

Esta fábula podría ser una justificación para la expansión de los incas, incluso a nivel militar con la conquista y subyugación de otros pueblos para obligarlos a adorar a sus mismos dioses y, más concretamente, a Viracocha, reconocido el panteón inca como el único verdadero.

Debido a las semejanzas físicas de las descripciones de Viracocha y el aspecto que presentaban los españoles, muchos incas confundieron a los recién llegados con el dios y su séquito.

A esta confusión ayudaba que los conquistadores explicaban que habían llegado de más allá de los mares, puesto que en algunas leyendas, Viracocha había acabado desapareciendo en el mar.

Es por ello también que los misioneros españoles utilizaron la figura de esta deidad para explicar el cristianismo a los nativos americanos.

Los frailes y curas españoles necesitaban realizar paralelismos con la religión y los mitos locales para que los pueblos americanos comprendieran el cristianismo, así que elevaron la figura de Viracocha a ser supremo, dios entre los dioses (al resto le rebajaron su condición divina, de acuerdo a la cosmovisión cristiana de un solo dios), por ser el creador del mundo y de los seres humanos.

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