Historia de Tyr

En las sociedades antiguas, la guerra era una parte fundamental de la vida, así como la muerte o el ciclo de las estaciones (especialmente importante para las cosechas y también para el pasto de los animales). Por ello, todas estas actividades tenían sus propias deidades y, en la mitología nórdica, el dios de la guerra era Tyr.

Menos conocido en general que su homólogo griego Ares o el romano Marte, Tyr es representado con una sola mano, la izquierda.

Esto es debido a que fue mordido por el lobo Fenrir cuando puso su mano derecha en la boca del animal, al cual los dioses engañaron para encadenarlo de forma que lo mantuvieran preso.

De la mordida, Fenrir arrancó la mano derecha de Tyr, por lo que dejó a este dios solamente habilitado para hacer cualquier cosa (como combatir) solamente con la izquierda.

El hecho de que Tyr fuera un dios zurdo no deja de sorprender, dado que en la época, muchas culturas consideraban la izquierda como negativa.

Esto puede indicarnos que, pese a que como todas las sociedades antiguas, la nórdica convivía con la guerra, no dejaban de considerarla como algo malo y a evitar siempre en la medida de lo posible.

En este sentido, no deja de ser interesante que el peso de Tyr en la mitología nórdica sea menor que el de Ares o Marte en sus correspondientes griega y romana, y que en la misma mitología nórdica sea un dios con menor presencia e importancia que Odín (el padre de los dioses) o Thor (el dios del trueno), Loki, Balder o Bragi.

El fín de Tyr será, como para los demás dioses, en el Ragnarok (el fin del mundo para los nórdicos).

En esta gran batalla, en la cual los dioses tienen su sino escrito, perecerá a manos de Garm, el perro guardián de Helheim, al cual también dará a su vez muerte.

En la mitología protoindoeuropea ya existía un dios de la guerra, que es el que generará a los dioses de la guerra de las distintas mitologías que beberán de las fuentes de la indoeuropea, como el Ares griego o el Marte romano, por lo que podemos remontar sus raíces a esta.

Tyr disponía de su propia runa en los alfabetos nórdicos, una especie de T que es más parecida a una flecha que apunta hacia arriba.

Aunque con ligeras diferencias, debido a la diversidad de alfabetos, las runas eran caracteres alfabéticos que transcribían las lenguas nórdicas.

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