Biografía de Tamara de Lempicka

Reconocida por su estilo frío y elegante, Tamara de Lempicka resuena en el recuerdo de muchos por ser una de las artistas más importantes y distinguibles del siglo XX. El hecho de ser una artista mujer en un medio dominado públicamente casi de modo excluyente por hombres ha sido otro de sus grandes logros.

Su abundante y colorida obra nos llega hasta la actualidad con muchos elementos fascinantes que nos hablan de su pertenencia a una clase social acomodada y poderosa donde el lujo y la distinción eran comunes.

La alta sociedad soviética: la historia se mete en su vida

La historia de Tamara de Lempicka empieza en el año 1898. Esta gran artista nace en la ciudad de Varsovia bajo el nombre original de María Gorska.

Sus orígenes la llevaron a pertenecer a una familia poderosa y con muchos contactos sociales: su padre era un reconocido abogado judío ruso y su madre se dedicaba a las actividades sociales tanto por gusto personal como también por profesión.

Durante su infancia, Tamara viviría en diferentes regiones de Europa debido al trabajo de su padre. Vale aclarar que para aquella época Polonia formaba parte del imperio ruso.

Desde pequeña mostró habilidades para el dibujo y la pintura, aunque debió mantenerse dentro de los parámetros del arte clásico y académico.

En 1917, con el estallido de la Revolución Rusa, su cómoda y lujosa vida entró en peligro a causa de la persecución que los comandos soviéticos llevaron a cabo sobre cientos de familias aristocráticas.

Un año antes de que la Revolución ocurriera, Tamara había contraído matrimonio con un importante abogado polaco que le dio su apellido: Tadeusz Lempicki. Ambos escaparon a Europa Occidental para instalarse definitivamente en París.

Los comienzos de su carrera y la distinción como un premio doble

Ya en París, los Lempicka pudieron mantener un estilo de vida acomodado, similar al que habían conocido en Rusia. Tamara dedicó sus días a perfeccionar su talento y lentamente fue creando las obras más conocidas que llegan hasta nuestros días. Inmersa en el Art Decó característico de los años '30, siendo París capital del arte europeo, se destacó por sus obras donde las figuras femeninas abundan en elegancia, frialdad y belleza.

Colores metálicos, automóviles y líneas marcadas completan un estilo que sumó influencias del modernismo de la época.

Al estallar la Segunda Guerra Mundial, Tamara de Lempicka (divorciada desde 1928 de su primer marido y en pareja con un segundo hombre, el Barón Raoul Kuffner) debió abandonar París y es así como esos años los encuentran a ella y su pareja en Los Ángeles y luego en Nueva York. En este contexto, se inspiraría en las formas y colores de los rascacielos.

Sus trabajos fueron reconocidos por los especialistas, ganando numerosos galardones y premios que la distinguieron en un mundo dominado casi completamente por los hombres.

En los últimos años de su vida se mudó a México, donde vivió hasta fallecer en 1980, tan sólo un año después que su marido.

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