Biografía de Soledad Rosas

Desconocida por muchos y valorada por otros tantos, María Soledad Rosas fue una joven mujer argentina que se hizo un cambio radical y profundo en su vida, luchó y militó por ideales en los que estaba convencida y que es recordada por sus compañeros y compañeras debido a su entrega y valentía.

Soledad nació en Argentina pero decidió pasar los que serían los últimos años de su vida en Italia, alejada de su antigua familia y con una nueva a la que ella eligió y con la que buscaba construir un mundo mejor.

Una primera vida y la búsqueda de un después

María Soledad Rosas nació en Buenos Aires el 23 de mayo de 1974, en años duros de la política argentina. Su familia era una familia de buen pasar económico y ambos dos padres de Soledad le inculcaron tanto a ella como a su hermana mayor la importancia de la educación como medio para progresar y tener una carrera profesional.

Sin embargo, Soledad nunca encontró fácil su lugar en el mundo y aunque era una joven tranquila y obediente, tímida y apocada, soñaba con poder hacer algo de su existencia algo más de lo que tenía a mano.

Soledad tanto en su infancia como en su juventud cumplió con todo lo que se le imponía socialmente: terminó sus estudios secundarios, tuvo parejas que no la satisfacían y que incluso la hacían sentirse más insegura y también eligió estudiar hotelería con tal de dejar contentos a sus padres, quienes cada vez más se frustraban con su indecisión o la incertidumbre que mostraba su carácter.

Tal vez era el medio en el que vivía lo que no terminaba de otorgarle significado a su vida y fue por eso que sus padres decidieron obsequiarle un viaje a Europa en el año 1997 para que recorriera el viejo continente y aprendiera algo de su cultura, explorara oportunidades laborales, etc. Ese sería el viaje que cambiaría para siempre la vida de Soledad.

El anarquismo como forma de vida y como transformación real

Se puede decir que fue el anarquismo lo que realmente modificó la existencia de Soledad, de un modo inesperado y sin ser específicamente buscado. Cuando se encontraba en Italia en 1997, Soledad entró en contacto con una casa de anarquistas squatters que habían armado una especie de comunidad sin reglas específicas y a la que cualquier persona parecía poder sumarse. Allí, lentamente empezó a sentir algo que nunca antes había sentido en Argentina: se reconoció como parte de una comunidad que la incluía, la respetaba, la integraba.

El Asilo, así llamado el edificio tomado, era centro de las protestas contra los avances de los trenes eléctricos que, según los anarquistas, destruían el entorno y no traían la tan prometida modernidad sino todo lo contrario.

Al pasar los meses, Soledad ya era parte importante de esa comunidad, resistiendo incluso varios intentos de desalojo por parte de la policía. Cambiando su fisonomía, dejando atrás su largo cabello rubio y escogiendo un corte de pelo al ras del cráneo, Soledad tomó como propios los ideales del anarquismo.

Se enamoró de uno de sus compañeros, Edoardo Massari y vivió con él una fuerte historia de amor. Sin embargo, ese estilo de vida pronto se volvió un riesgo y ante el avance de la policía italiana, Soledad, Edoardo y Silvano (un tercer anarquista) fueron detenidos acusados de ecoterrorismo en 1998.

El derrotero de los tres supuso largos meses de detención e injusticias: se habían convertido en el chivo expiatorio de la policía italiana, que recortó sus derechos y buscó por todos los medios concederles la libertad. Al tiempo de estar detenidos en prisión, Edoardo se suicidó en su celda y desde entonces las fuerzas y energía de Soledad decaerían para siempre.

Su familia argentina, desesperada por la situación, viajó en numerosas ocasiones hacia Turín y logró que el Estado le concediera una prisión domiciliaria donde Soledad pasó sus últimos meses de vida. Fue allí donde tomó la decisión final de quitarse la vida del mismo modo que Edoardo el 11 de julio de 1998, convirtiéndose desde entonces en una mártir más de la lucha social y contra la violencia fascista.

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