Biografía de Simón Radowitzky

Es imposible dudar del hecho de que los albores del siglo XX fueron para la sociedad argentina un momento histórico único. La llegada de increíbles cantidades de inmigrantes desde todas partes de Europa que se sumaron a una naciente sociedad fue uno de los elementos más distintivos de aquella época y es en este sentido que tenemos que hacer referencia a una de las personalidades más llamativas: Simón Radowitzky. Este inmigrante de origen ruso llegó a la Argentina en 1908 y tendría una influencia directa en la política de la época.

Desde las lejanas y frías tierras del norte

Pensar en cuán influyente y transformador puede ser para una persona viajar desde una punta del planeta a la otra nos acerca a entender mejor la mente de cualquier inmigrante. Simón Radowitzsky nació en 1891 en una pequeña localidad de la actual Ucrania que para aquel entonces formaba parte del extenso imperio ruso.

De origen muy humilde, con padres trabajadores, una identidad judía muy marcada y sin demasiados proyectos para su vida, Simón creció en la ciudad de Ekaterinoslav, donde debió dejar muy tempranamente la escuela para ayudar a su familia. Así desarrolló el oficio de herrero, lo que le permitió encontrar varios trabajos menores en fábricas de la creciente nación rusa.

Desde muy joven, su participación en el trabajo fabril y su reconocimiento de las desigualdades sociales le hicieron encontrar simpatía hacia las ideas anarquistas, aquellas que llevaría consigo a la Argentina y que determinarían su paso a la historia.

Todavía en Rusia, se involucró en la militancia anarquista contra el sistema zarista pero esta sería una de las razones por las cuales debería exiliarse y el país del sur americano sería un destino ideal para escapar a la muerte.

Un nuevo hogar y el mismo objetivo

En el año 1908 Simón Radowitzsky llega a la Argentina a sus tan sólo 17 años de edad. Escapando de un régimen político autoritario y profundamente injusto, llegó a un país que parecía prometer tierras de igualdad, libertad y derechos pero que en la práctica estaba construyéndose muy lentamente. La sociedad argentina, transformada por el aluvión inmigratorio recibió a Simón como uno más sin saber que sería alguien que cambiaría para siempre la historia del país.

A un año después de haber arribado al país Simón ya participaba en manifestaciones y huelgas obreras contra el poder oligárquico de aquella época. En los eventos de la famosa Semana Roja en la que la policía reprimió a los manifestantes y numerosos obreros fallecieron, Simón comenzó a idear un plan que involucraría vengar esas muertes con la muerte del responsable directo de la represión: el jefe de la policía Ramón Falcón.

Así fue que Simón armó una bomba y la colocó en el vehículo en el cual solía trasladarse Falcón. La muerte del policía y del asesor que lo acompañaba fue casi inmediata y Simón pasó a ser uno de los hombres más buscados. Aunque le habría correspondido la pena de muerte por el delito cometido, el hecho de ser un menor de edad le salvó la vida y el resultado del juicio lo envío a la prisión de Usuhaia en la que solía recluirse a los criminales considerados más peligrosos.

Su inquieta personalidad lo llevó a intentar varios escapes pero luego de ser recapturado fue el mismo Estado argentino quien decidió exiliarlo de acuerdo a las leyes de aquella época. Pasó primero por Uruguay, donde permaneció hasta que en España se desató la Guerra Civil, contienda en la que decidió participar para ayudar a los luchadores republicanos.

Su último viaje sería hacia México, donde se dedicaría a la construcción de juguetes. Allí moriría en el año 1956 a sus 64 años de edad debido a fallas cardíacas.

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