Biografía de Santa Rosa de Lima

Fue una de de las religiosas católicas más influyentes de la época colonial en el Virreinato del Perú (1546-1826). A pesar de ser originaria de Perú y de haber desarrollado en este territorio su acción mística, es reconocida en toda Latinoamérica.

Oriunda de la ciudad de Lima, de la cual tomó su denominación cuando fue elevada al rango de santa, nació allí un 20 de abril del año 1586, en el seno de una numerosa familia compuesta por 13 hijos, un padre español y militar, mientras que su madre era originaria de Perú.

Sus padres la llamaron Isabel Flores de Oliva, pero el mundo católico la conoce como Santa Rosa de Lima desde su canonización el 12 de abril del año 1671, celebrada por el Papa Clemente X

Un poco menos de 50 años tardaron en declararla santa católica y fue la primera mujer que recibió dicha distinción en el continente americano.

Desde muy pequeña manifestó un comportamiento penitente y sacrificado, obligándose a ayunar y a efectuar severas penitencias, generalmente a escondidas de sus padres

La humildad de su familia hizo que trabajase de jovencita en tareas de cultivo y costura.

Su sensibilidad hacia las necesidades de los más humildes hicieron que se preocupe especialmente por la opresión que las autoridades españolas ejercían sobre los indígenas

Aunque su familia se opuso, ella decidió consagrar su vida a Dios y al compromiso con los más necesitados.

Hizo voto de castidad e ingresó como Terciaria a la orden de Santo Domingo, esto quiere decir que no se ordenó como religiosa sino que siguió siendo laica pero absolutamente consagrada a Dios

Su hermano la ayudó a construirse su propio santuario y allí se recluyó de manera permanente.

Solo dejaba la oración y las penitencias para asistir a los enfermos o a los indios maltratados.

En 1615 se le atribuyó el primer milagro, cuando unos navegantes holandeses que se proponían atacar la ciudad de Lima, desistieron de la acción por la muerte a bordo de su capitán

Previamente, y ante el conocimiento de la amenaza, Santa Rosa, había reunido a varias personas a rezar en una capilla, y por ello, cuando se conoció la noticia de la muerte del militar neerlandés se le atribuyó a ella el milagro de la salvación de la ciudad.

Los últimos tiempos de vida los pasó sufriendo mucho por la enfermedad de tuberculosis que contrajo

Murió a los 31 años, un 24 de agosto del año 1617, en la residencia del matrimonio Maza donde vivió antes de fallecer.

La familia Maza era una de las más adineradas de la ciudad y la apreciaban mucho, por eso la cobijaron durante su enfermedad.

Cuando se conoció la noticia de su muerte una multitud se congregó en la casa de los Maza para despedirla y su funeral también gozó de una concurrencia impresionante.

Sus restos se han inhumado y son multitudinariamente visitados y cultivados en la Basílica de Nuestra Señora del Rosario de Lima.

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