Biografía de San Pablo de Tarso

Hay dos personajes que son primordiales para la primitiva fe cristiana y la organización que más adelante tomaría su iglesia antes de dividirse en varias escisiones: San Pedro y San Pablo. En el presente artículo vamos a estudiar la biografía y el papel histórico del segundo.

Pablo de Tarso (nacido como ciudadano romano con el nombre de Saulo Paulus) es uno de los personajes principales en la cimentación del cristianismo como una nueva religión en vez de una rama más del judaísmo.

Nacido entre el 5 y el 10 d.C. en Tarso, ciudad entonces perteneciente al Imperio Romano y que se encuentra en la actual costa sur mediterránea de Turquía, en el seno de una familia judía. Su nacimiento en una ciudad romana explicaría por qué, pese a ser hijo de judíos, disponía de la ciudadanía romana, lo que hoy equivaldría a la nacionalidad, en un caso similar a lo que pasaría de nacer hoy en Estados Unidos hijo de familia inmigrante.

Tarso era una ciudad comercial y cosmopolita, y si a ello sumamos que Pablo fue a estudiar de joven a Jerusalén, según afirman diversas fuentes (aunque no es posible precisar la edad que tenía cuando esto sucedió), podemos explicar que hablara arameo y griego (lengua de cultura en aquel entonces).

Pese a haber sido coetáneo de Jesucristo, no hay constancia de que conociera al maestro aunque después abrazara su fe. No hay ninguna mención al respecto en su amplia relación epistolar, algo que, por su importancia, sin lugar a dudas habría mencionado en algún momento a no ser que quisiera esconderlo deliberadamente, para lo que no existía ningún motivo.

Fue en Jerusalén donde entró en contacto con grupos de seguidores de Jesús y se interesaría por lo que todavía no era una nueva fe, però que Pablo completaría como tal.

Es interesante que Jesús no predicó una nueva religión, sino una verdad revelada a los judíos, la venida del mesías que tanto ansiaban -y que continúan esperando-.

Según la tradición cristiana, antes de su conversión, Pablo llegó a participar activamente en la persecución de los seguidores de Jesús. Su conversión a la nueva doctrina predicada le llega a través de una experiencia mística -según la tradición- que experimenta en su camino hacia Damasco.

Pablo pasará de ser perseguidor a ser perseguido como adalid de la nueva fe.

Se tiene constancia documental que, si bien Pablo no conoció a Jesús, sí tuvo contacto con los apóstoles, los cuales le transmitieron las enseñanzas y los mensajes de su maestro.

Pablo inicia su ministerio en Arabia, pero pronto pasará a predicar por Anatolia (actual Turquía) y Grecia. Una novedad que aporta es que no se limita a predicar solamente entre los judíos, sino que se dirige tanto a estos como a los “gentiles” (quienes no profesan la religión de Abraham).

Incluso el mismo Jesús había limitado sus prédicas a los judíos, no excluyendo a nadie, pero tampoco dirigiéndolas abiertamente a todo el mundo.

Pablo predica sin distinguir judíos de gentiles, una verdad revelada para todo el mundo, para la humanidad. Ello hará que, de las prédicas de un maestro judío, se pase a una religión universal capaz de traspasar barreras culturales e idiomáticas.

Otro aspecto importante de Pablo es su correspondencia con las comunidades cristianas primigenias, solucionando dudas y respondiendo a preguntas.

Esta correspondencia creará un corpus en el que se basará la primitiva iglesia para perfilar la doctrina cristiana.

Sobre el 65 a.C, Pablo es apresado en Jerusalén por una disputa teológica, y conducido a Roma.

En la ciudad eterna, parece ser que Pablo estuvo cerca de dos años en una suerte de libertad condicional (pues había apelado al César, y estaba esperando que la justícia diera un veredicto sobre su caso). Ello le permitió realizar conversiones a la nueva fe en la capital del imperio.

Su muerte, en el 67 a.C. durante el reinado de Nerón, fue por decapitación.

Pablo es uno de los pilares fundamentales sin el cual no podríamos entender el cristianismo actual.

Buscador

Recientes