Biografía del Rey David

La comparación entre David y Goliat se utiliza normalmente para referirse a cosa como la derrota de un gran club de fútbol (o de otro deporte) a manos de un competidor teóricamente muy inferior, o bien en cualquier caso en el que en un enfrentamiento entre un claro favorito y un contendiente teóricamente mucho más débil, gana el segundo.

La historia bíblica en la que se basa esta comparación, tiene dos protagonistas: Goliat, el gigante filisteo, y David, un rey israelita histórico, pero que también tiene una parte legendaria.

David es uno de los grandes reyes de Israel, portando la corona desde el 1010 hasta el 966 a.C.

Este Israel era el reino unificado que existió entre el 1030 y el 930 a.C. y que se dividió en dos (Judá e Israel) en 930 a.C.

Las referencias a su vida y sus actos están impregnadas de referencias religiosas, en la Biblia, y a veces cuesta separar lo que forma parte de la religión o de lo que es la pura realidad histórica.

Vayamos por parte y empecemos por el personaje histórico... o quien se supone que era.

Porque, como en tantos otros casos, y si bien hay ciertas evidencias de su existencia, algunos autores la ponen incluso en cuestión.

Aunque hay que decir que los que sospechan de que no existiera, más bien creen que el rey David bíblico y el histórico fueron dos personajes diferentes, o bien que las referencias a David son las de una “casa de David”, una dinastía a la que no necesariamente pertenecería un rey llamado David.

Las evidencias que existen apuntan al nacimiento de David sobre el 1040 a.C. en Belén (coincidencia con el lugar en el que nació Jesús). Se supone que su padre era el rey Saúl, pero podría haber sido otro noble.

Desempeñó un cargo militar con notable éxito, dirigiendo campañas contra diversos pueblos en el marco de la expansión israelita. Tras su subida al trono, mantuvo la política expansionista de su antecesor, llegando a incorporar Damasco (capital de la actual Siria) a su reino.

En lo personal, tuvo numerosas esposas y una amplia descendencia (se especula con casi una veintena de hijos... si no más.

En el plano bíblico, su historia más conocida es la que lo enfrentó, siendo niño, al gigante Goliat.

Goliat era un gigantesco soldado filisteo que desafiaba a un combate individual al soldado israelita que se atreviera, asegurando que si alguno lo vencía, los filisteos se declararían derrotados y se someterían.

Considerando la altura y fortaleza del sujeto que lanzaba el reto, ningún soldado hebreo se atrevía a dar el paso -y, desde luego, yo que soy gentil, ¡también me hubiera escabullido!-, hasta que David escuchó del reto y se presentó voluntario.

Obviamente, un niño que se dedicaba a pastor del rebaño de su padre (según afirma la Biblia, a eso era lo que se dedicaba David) provocó las risas de toda la tropa filistea, contando con las del propio Goliat.

Lo que no sabía el gigante, es que David había ganado mucha habilidad con la onda protegiendo a su rebaño de múltiples peligros.

Con una sola piedra lanzada certeramente entre los ojos del gigante, David derribó y venció a Goliat.

La lección que debemos sacar de aquí es que, por lo menos en estas lides, el tamaño realmente no importa, sino la habilidad.

Pero David no solamente tiene este episodio en la Biblia, sino que su presencia es más extensa aunque también más desconocida.

David había sido ungido por el profeta Samuel tras haber sido elegido por Dios como el futuro rey de los israelitas.

Dios estaba descontento con el rey Saúl, quien lo había desobedecido y pecado. Curiosamente, las mismas fuentes bíblicas dan a entender que Saúl era, con todo, mucho menos pecador que David, pero este último disfrutaba del agrado de Dios, una especie de “carta blanca” que le daba licencia para casi todo.

Así, el “bueno” de David se acostó con una mujer casada (Betsabé) e hizo que su marido (un soldado que luchaba en su ejército) fuera colocado al frente de la primera línea de batalla para morir en combate y así quedarse con su esposa; también exterminó a varias poblaciones practicando una política de lo que ahora se llama “limpieza étnica” con sus conquistas.

Según la religión cristiana, Jesús pertenece a la Casa de David, eso es, a su linaje.

Según la Biblia, David fue el responsable de la conquista de Jerusalén y de su establecimiento como capital del reino de los israelitas. No existen evidencias arqueológicas de que los hechos históricos coincidan con esta narrativa.

David es, pues, uno de los pater patriae del Israel antiguo, un estado en el que también se basó la demanda de la comunidad judía moderna para exigir una “patria para los judíos” que coronó el éxito en 1948 con la declaración de independencia del Israel moderno.

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Fotolia. (en orden de aparición)
Ruskpp, Renata Sedmakova


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