Biografía de Némesis

Cuando decimos que la némesis de alguien es una determinada persona, nos estamos refiriendo a un personaje igual en muchos aspectos, pero que pugna en sentido contrario en muchos aspectos, intentando imponerse al primero.

Esta expresión tiene su origen en el mundo de la mitología griega y, más concretamente, en la diosa Némesis.

Némesis era la diosa griega de la justicia, un concepto de justícia diferente al nuestro y que se basaba más en una filosofía de “ojo por ojo, diente por diente”.

Este concepto no es raro en el mundo antiguo y, de hecho, prácticamente no es ajeno a las diversas legislaciones hasta pasada la Segunda Guerra Mundial, cuando los sistemas penitenciarios optan, en muchas partes del mundo, más por la reinserción que por la propia punición del delito cometido.

Según nuestro concepto moderno de las cosas, actualmente Némesis sería más una diosa de la venganza que de la justícia entendiendo a esta última como ley.

No está clara la filiación de Némesis, existiendo algunos eruditos que la sitúan como hija de Zeus, o de Érebo y Nix, mientras que otros hablan de una deidad primordial, preexistente a los dioses olímpicos.

Su tarea, como deidad justiciera, era poner freno a la desmesura. Ello incluía también crueles castigos a los mortales que habían sido demasiado beneficiados por la diosa Fortuna.

Esta tarea permite mantener el equilibrio del universo, un concepto importante en la cosmovisión griega clásica.

Un ejemplo de lo que podía llegar a hacer Némesis lo encontramos en la expedición militar de Creso (rey de Lidia) contra Ciro II de Persia, un hecho histórico.

Creso había subyugado a las ciudades griegas de la costa anatólica, y había ampliado el reino que su padre le legó hasta convertirlo en un imperio, que veía con preocupación la ascendencia del Imperio Persa.

Al consultar Creso lo que debía hacer al oráculo de Delfos, este emitió el vaticinio de que si dirigía sus tropas hacia el este, destruiría un imperio. Esto, Creso lo interpretó como que vencería a Persia, pero la realidad fue que la victoria recayó en el lado persa, cumpliendo así con el vaticinio: un imperio había sido destruído, concretamente el lidio.

Esto, más adelante, se erigiría en el germen de las Guerras Médicas, pero eso ya es otra historia, y ahora examinemos el papel de Némesis en este enfrentamiento.

Los griegos entendieron que la predicción del oráculo había sido influida por Némesis, ya que Creso había tenido demasiados éxitos y había sido muy beneficiado por la diosa Fortuna.

Tal vez, y según han interpretado algunos autores, el mito de Némesis también iba encaminado a mantener el orden social, y evitar que alguien del pueblo llano pudiera tener la veleidad de derribar a un terrateniente, potentado o noble.

Némesis también reprueba todo exceso en cualquier aspecto, y su culto se extiende a la guerra, venerada con la esperanza de ayudar a los más débiles a vencer a los más fuertes, de forma que estos no adquieran todavía más fuerza rompiendo el equilibrio del cosmos.

Es el caso de las guerras contra los persas; el resultado de la Batalla de Maratón es tenido como una intervención divina de Némesis para frenar el exceso conquistador persa.

En algunas versiones del mito troyano, Helena sería hija de Némesis y Zeus.

Una de estas relata como Némesis se transforma en oca para escapar de Zeus pero este, transformado en cisne, la alcanza. Fruto de la relación entre ambos, la oca Némesis pondrá un huevo, de donde saldrá Helena, quien posteriormente será la causante de la caída de Troya.

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