Historia de Minotauro

Fruto de un amor zoofílico provocado por la venganza de un dios, el Minotauro es tal vez uno de los seres más fascinantes y protagonista de una de las historias más conocidas de la mitología griega.

El Minotauro es un ser (aunque comúnmente se le refiere como “monstruo”) perteneciente a la mitología griega, de cuerpo humano y cabeza de toro.

Era hijo de Pasifae, una de las personificaciones de la luna, y -en una relación zoofílica que hoy calificaríamos, por lo menos, de “políticamente incorrecta”- del Toro Blanco de Creta.

La historia es, más o menos, como sigue: el rey Minos de Creta había prometido realizar un sacrificio a Poseidón, dios de los mares, algo imprescindible en una isla que, precisamente por su condición insular, necesita el uso de embarcaciones para relacionarse con el resto del mundo.

Para ello, Minos afirmó que sacrificaría lo primero que saliera del mar y, entonces, Poseidón hizo que saliera un toro blanco (el toro es un animal comúnmente sacrificado en Grecia, costumbre que pasaría también a Roma) de gran belleza.

El animal era tan bello que Minos decidió no sacrificarlo e incorporarlo a sus rebaños. Esto, naturalmente, enfureció a Poseidón.

Como todos los dioses griegos, el del mar no era menos vengativo que el resto, así que para punir la ofensa de Minos, hizo que la esposa de este, Pasifae, se enamorara del espléndido toro blanco. Así que Pasifae, presa de este amor, empezó a pensar como consumarlo.

Y aquí es donde entra en escena Dédalo, quien había sido expulsado de Atenas para recabar en Creta, isla que no podía abandonar. Consultado por Pasifae de como podía consumar su amor con el toro, Dédalo ingenió una hábil estratagema: construyó una falsa vaca de madera con un agujero donde una vaca de verdad debería tener sus órganos sexuales, hueca por dentro para ubicar a Pasifae con las piernas debidamente abiertas, y recubrió el invento con piel de vaca auténtica.

Situado el artilugio con Pasifae convenientemente ubicada dentro, el toro hizo lo que tenia que hacer, cubriendo lo que él veía como una vaca, pero consumando con Pasifae que estaba dentro.

Y, nueve meses después, fruto de este amorío nacía el minotauro, el ser de cuerpo humano y cabeza de toro. Además, el monstruo se alimentaba exclusivamente de carne humana.

Si bien en sus primeros años, el minotauro vivió como otra criatura, a medida que crecía se volvía más salvaje, de forma que Minos decidió encerrarlo.

Y, para ello, el rey también recurrió a Dédalo, quien ideó la construcción del que bien pudiera ser el primer laberinto de la historia, el famoso laberinto del Minotauro.

El destino del toro, por cierto, fue ser capturado por el héroe Heracles (Hércules), captura que constituyó el séptimo de sus famosos doce trabajos.

Cada año, y para satisfacer el hambre del monstruo, eran sacrificados siete hombres y siete mujeres jóvenes.

Éstos eran abandonados en el laberinto, por el cual vagaban sin poder encontrar la salida (solo un camino conducía hasta esta) hasta que el Minotauro los hallaba y devoraba.

Esto siguió así hasta la llegada de Teseo a Creta.

El héroe ateniense contó con la inestimable ayuda de Ariadna, la hija del rey Minos, quien recurrió (como no) a Dédalo para que el ingenioso ingeniero le diera una solución para que teseo no se perdiera en el laberinto.

Ésta fue simple: al entrar, Teseo debía utilizar un hilo que iría desenrollando a medida que avanzara. En el momento en el que hubiera dado muerte al monstruo, simplemente tendría que enrollar el hilo, siguiendo el camino marcado por éste para encontrar la salida del laberinto.

Lo que sigue a continuación es sobradamente conocido, y responde a la materialización del plan trazado por Teseo y Ariadna con el concurso de Dédalo: nuestro héroe mata al Minotauro y consigue escapar el laberinto.

El mito del Minotauro responde a una serie de hechos reales.

Por ejemplo, los catorce jóvenes sacrificados son atenienses, fruto de una guerra que Atenas había perdido contra Creta. En la realidad, la civilización minoica (cretense, llamada así precisamente por Minos) dominó a la Grecia continental antes de sucumbir debido a desastres naturales y a invasiones (aunque se desconocen las causas exactas con seguridad).

El culto a los toros como animales sagrados también tuvo una fuerte implantación en Creta, algo que podemos ver patente en las representaciones artísticas que encontramos en los palacios de la isla.

Arte Fotolia: samiramay, kuco

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