Biografía de María Soledad Morales

Tristemente célebre por ser la víctima de uno de los asesinatos más crueles de la década de 1990 en Argentina, María Soledad Morales fue una joven catamarqueña que llevó una vida relativamente común y corriente hasta su muerte en el año 1990. Su asesinato develó una profunda trama de impunidad y poder en el interior del país que vinculaba muchas veces a sectores tradicionales, a fuerzas policiales e incluso a políticos y funcionarios públicos. El reclamo de justicia de su familia y la exposición de tal red de violencia y abusos marcarían para siempre la historia social del país.

Una vida personal mezclada con la provincial

Para entender o conocer mejor la historia de María Soledad Morales es importante tener en cuenta que la suya fue igual a la de cualquier otra familia del interior. Nacida en el año 1972 en la localidad de Valle Viejo, en Catamarca, María Soledad fue parte de una familia humilde en la que ambos padres se habían dedicado toda su vida al trabajo y a intentar brindar a sus hijos el pasar más digno posible. La joven María Soledad dedicó gran parte de su infancia y juventud al estudio y había prometido trabajar para ayudar a su familia apenas pudiera.

Para la fecha de su muerte, María era tan sólo una adolescente de 18 años, por lo cual no había concluido todavía su educación secundaria. Este detalle es de gran importancia para entender que era aún una joven y que como tal era común que disfrutara parte de su tiempo libre con amigas, en fiestas o intentando buscar el amor. Lamentablemente, ese sería su camino hacia la perdición.

Los hijos del poder y la impunidad de toda una compleja red de delincuentes

Tal como se supo luego a partir de la investigación, María Soledad Morales asistió el día 7 de septiembre del año 1990 a una fiesta que se realizaba en un conocido boliche de la región. Gracias al testimonio de amigas y conocidas, se cree que ya para ese entonces María se frecuentaba con un hombre mayor de edad llamado Luis Tula, que hacía las veces de novio y que fue quien la entregó, luego de drogarla, a un grupo mayor de hombres que abusaron de ella y la terminaron asesinando esa misma noche.

Mientras Tula fue el responsable directo de la entrega, uno de los principales acusados de cometer el homicidio fue Guillermo Luque. Este hombre era hijo del entonces diputado nacional Ángel Luque, que debió dejar su banca debido a frases que denotaban el nivel de impunidad de las tradicionales familias del interior. Se cree que Tula entregó como forma de pago o de ofrenda a María Soledad Morales a Luque y a otros tres hombres que la drogaron y violaron salvajemente. El estado de su cuerpo al momento de ser encontrado era tan lamentable que incluso a los padres les costó reconocerlo: además de las lesiones causadas por los asesinos, el cuerpo había sido devorado en parte por cerdos.

La investigación y la lucha inclaudicable de su familia

La causa concreta de la muerte de la joven fue una sobredosis de cocaína. Su asesinato desenmascaró una profunda trama de impunidad que reinaba en la provincia de Catamarca y que valió un serio cuestionamiento tanto al poder del gobernador de aquella época (Ramón Saadi) como al mismísimo presidente Carlos Saúl Menem, a quien muchos consideraban parte central de la impunidad.

La condena final de los asesinos de María Soledad dio un poco de paz y tranquilidad a su familia. Sus padres y la comunidad en general desarrollaron una intensa lucha por justicia y verdad que los llevó a enfrentarse muchas veces de manera directa con el poder.

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