Biografía de Leonora Carrington

Poco conocida para el común del público, Leonora Carrington es sin embargo recordada por su obra en el mundo del arte. Esta gran artista nacionalizada mexicana desarrolló un trabajo muy particular que muchos han clasificado como surrealista pero que posee características únicas y muy especiales. Nacida originalmente en la localidad de Lancashire, en Inglaterra, Leonora vivió casi toda su vida adulta en la Ciudad de México y destacó por su estilo personal y llamativo.

Un comienzo lleno de posibilidades y expectativas

La vida de Leonora comenzó en el año 1917, en la localidad de Clayton-le-Woods, en Lancashire, Inglaterra. Su pertenencia a una familia de buen pasar económico y estatus social la vinculó desde muy temprano con un mundo que para cualquier otra persona sería de ensueño pero que para ella lentamente se convertiría en insoportable. Desde sus primeros años mostró interés por la literatura y el arte debido a que su tiempo libre solía verse ocupado en eventos sociales, en galerías y reuniones de intelectuales. Su carácter fuerte y una progresiva rebeldía a ese mundo que le había sido impuesto le hizo pasar por varias escuelas e instituciones educativas durante su infancia y adolescencia.

Mientras su padre, un importante empresario, mostró desagrado por la elección artística de su hija, su madre la estimuló y desde joven le permitió entrar en contacto con el mundo de la pintura plástica así como también con numerosas personalidades que formaban parte de su círculo social. Decidió seguir estudios artísticos y así es que pasó por la Escuela de Arte de Chelsea, entre otras, con el fin de consolidar su estilo.

Un vínculo indestructible: su amor al arte

La pertenencia social de Leonora siempre fue de gran ayuda para ingresar a un mundo de elite. En el año 1937 conoció al por entonces afamado artista alemán Max Ernst, referente del estilo surrealista al que ella adscribió desde sus primeras obras. El vínculo con Max sería muy fuerte y el artista dejaría a su primer mujer para unirse por años a Leonora. Vivirían juntos en París, donde realizarían numerosas colaboraciones artísticas y donde Leonora definiría aún más su estilo surrealista, inspirándose en animales fantásticos y mitológicos.

La relación entre ambos no llegaría a un final feliz debido a que el contexto internacional y la Segunda Guerra Mundial obligaría a ambos a separarse tras un pedido de detención a Max por su origen alemán. El artista volaría a Norteamérica en busca de protección, pero dejaría a Leonora sola y embarcaría camino junto a quien sería luego su pareja, la famosa colectora de arte Peggy Guggenheim. La soledad y el abandono significaría una gran crisis emocional para Leonora quien se encontraría sola en Madrid. Viajaría posteriormente a Lisboa y finalmente a México donde pasaría el resto de su vida.

En la Ciudad de México desarrollaría otras relaciones amorosas pero principalmente una obra espectacular que la colocaría en la escena artística. Su interés por la tradición precolombina y la mixtura con su ya conocido surrealismo se transformaría en una pintora reconocida mundialmente. Participaría en los últimos años de su vida de numerosos reclamos y manifestaciones feministas. Moriría a sus 94 años en la Ciudad de México debido a una fuerte neumonía.

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