Historia de La Llorona

La leyenda de La Llorona es una de las más populares entre los mexicanos desde hace siglos, se la ubica alrededor del siglo XVI, siendo contemporánea a la conquista española de América, e incluso, dicha popularidad ha hecho que trascendiese las fronteras de dicha nación.

Su existencia de tipo fantasmagórica se fue propagando a través de la tradición oral y se le atribuye la característica de ser un alma en pena, un espíritu que vaga por las calles sin poder despegar de la tierra y tampoco alcanzar la vida en el más allá; a causa de esa desdicha manifiesta un constante llanto y gemidos que asustan a la población.

Su historia está en estrecha vinculación con la mencionada llegada de los colonizadores españoles, que como sabemos, lejos estuvo de ser en son de paz y respetando a los pobladores originarios, porque los expedicionarios avanzaron en el nuevo mundo con la intención de doblegar y esclavizar a la población existente para quedarse con todas las riquezas naturales.

Los convencieron de su bondad y cuando los tenían dominados arrasaron con ellos.

Sobre ese contexto muchas fuentes dejaron sus interpretaciones y testimonios, como el Fray Diego Durán, evangelizador español, quien afirmó que el emperador mexica Moctezuma II fue advertido de la presencia de una mujer, llamada Cihuacóatl, que llorando emergía del lago Texcoco (Tenochtitlán), a sabiendas de los males que se avecinaban y que recaerían sobre los aztecas tras el avance español en sus tierras

Estas informaciones conmovieron enormemente a Moctezuma y no le permitieron conciliar el sueño porque sabía que pronto llegaría el fin de su vasto y poderoso imperio frente a las presiones y ataques españoles.

Pero como sucedió en la historia con muchos mitos y leyendas el porqué del llanto de esa mujer que luego recibió el apodo de La Llorona fue cambiando y adaptándose a las épocas.

Tras la conquista española se dijo que la misma lloraba por haber matado a los hijos que tuvo con un español que la engañó y por ello tomó esa drástica decisión que luego no se perdonó

Esa creencia se extendió a países cercanos como Nicaragua y Salvador.

Por otro lado, se le atribuye haber sido una mujer nativa, de nombre Malinche, que mantuvo una relación con el conquistador Hernán Cortés, y que abandonó a su hijo sin resistencia cuando éste se lo llevó a España, constituyendo la causa de su calvario y pesar

Tras ese hecho infortunado, Malinche, empezó a vestirse de negro y a vagar por el país llorando de pena por su acción.

La trascendencia que alcanzó esta figura espectral ha sido tan magnífica que sus diversas historias han sido abordadas por la literatura, la televisión y el cine.

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