Biografía de Juana de Arco

En nombre de la religión se han cometido muchos, incontables crímenes. Pero también la misma ha servido para inspirar confianza y valor a muchas personas. Ese fue el caso de Juana de Arco, una joven campesina francesa que sintiendo el llamado de Dios a comprometerse en la lucha en defensa de su nación supo liderar a todo un ejército hacia la liberación. Su historia es recordada por su valentía y su determinación a lograr sus objetivos.

El mundo rural y religioso la vio nacer y le dio identidad

Como ocurrió en la historia de muchos otros importantes personajes a través de los tiempos, la vida de Juana de Arco surgió en un ámbito muy humilde. Para aquella época, siglo XV, la mayor parte de la población europea vivía todavía en el campo y se dedicaba a tareas agrícolas. Esa era también la historia de Juana y su familia, campesinos arraigados en la región de Domrémy, al noreste de Francia. Su infancia, como la de cualquier otro niño de la época estuvo dedicada al trabajo y a la entrega hacia Dios.

Según las declaraciones del juicio al que fue sometida hacia el final de su vida, Juana sostuvo haber sido llamada especialmente por Dios para que se entregara a la causa de la defensa de su nación. Ese mensaje místico cambiaría para siempre la historia personal de Juana pero también la historia de toda Francia. Como ocurre en toda guerra o conflicto bélico, el desorden y el caos se adentraron en la vida de los campesinos franceses cuando estalló la Guerra de los Cien Años contra Inglaterra y así fue que Juana se decidió a actuar.

La convicción de la causa que no sería reconocida

Para la época en la que toda esta historia ocurrió no sólo no era común que una adolescente participara en las campañas militares sino que tampoco era normal que fuera una campesina la que tuviera ese poder de convencer a sus compañeros. La valentía de Juana la llevó a lograr juntar un grupo de soldados que la seguían y con quienes pudo liberar a la ciudad de Orléans del ataque inglés.

Tengamos en cuenta que el conflicto dañó especialmente a la costa oeste de Francia, aquella que se encuentra más cercana a la conexión con Inglaterra.

Los logros y la fuerza que Juana puso en la lucha le valieron la admiración de numerosos soldados y también de los pobladores de Orléans, pero esto no tuvo los mismos resultados entre los líderes de las tropas francesas, quienes vieron en su presencia una amenaza a su propio poder y prestigio personal. Es así que muchos de ellos conspiraron en su contra y permitieron que los ingleses la tomen de rehén para luego entregarla a la Inquisición bajo denuncias de herejía.

Esta dura institución medieval juzgaba los actos de herejía como actos de delito religioso y la condena solía ser la muerte en la hoguera, que fue el caso de Juana. La muerte de esta joven dejaría desarmadas y desmoralizadas a gran parte de las tropas francesas, pero su ejemplo de coraje sería recordado para siempre en la historia.

Fotolia. (en orden de aparición)
Erica Guilane-Nachez

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