Biografía de Juan Manuel de Rosas

Amado por muchos y odiado por otros tantos, la figura de Juan Manuel de Rosas fue central en la historia argentina del siglo XIX ya que se convirtió en el líder político de un vasto territorio que no tenía definición y que comenzaría, muy lentamente a armarse y consolidarse también en parte, gracias a su obra.

Es una figura controversial para la historia ya que sus detractores critican profundamente sus modos y la concentración del poder, mientras sus defensores alaban su lucha por defender la soberanía frente al avance de las potencias extranjeras. De cualquier modo, Juan Manuel fue un hombre mediado por el contexto y por la historia que le tocaría vivir.

Un origen marcado por la historia y una infancia distinguida

Juan Manuel José Domingo Ortiz de Rosas nació el 30 de marzo de 1793 en la ciudad de Buenos Aires, que formaba parte por aquel entonces del Virreinato del Río de la Plata, un territorio en manos españolas.

Su procedencia familiar demostraba un origen encumbrado en términos de nombres debido a que los antecesores de Juan Manuel habían tenido renombre en la escena política y trascendido históricamente.

Desde pequeño asistió a los mejores colegios que se preciaban de tales para aquella época pero sus estudios se vieron interrumpidos por las dificultades que demostraba el joven Juan Manuel para ese tipo de actividades.

Sin embargo, sí mostraba pasión y talento para las actividades rurales, aquellas que podía desempeñar en los campos y estancias familiares. El acceso a este mundo lo marcaría desde muy joven y para siempre con el entorno ganadero que fue, durante todo el siglo XIX, la base de la economía local.

En el año 1813 se casaría con quien sería su mujer oficial, María de la Encarnación Ezcurra. Con ella tendría tres hijos pero la historia daría cuenta de muchos hijos más no reconocidos oficialmente.

La participación en la historia y el camino hacia la eternidad

Si bien Rosas no participó directamente en los eventos que concluyeron en la históricamente famosa Revolución de Mayo de 1810, desde sus primeros años de adultez comenzaría a vincularse con el mundo de la política de la región del Río de la Plata.

Su poder económico en la provincia de Buenos Aires, ganado en base a su propia estrategia para concentrar más y más proyectos ganaderos, lo colocó desde temprano en un vínculo cercano con la política de la época, pudiendo ser un elemento de clara influencia en las decisiones de los funcionarios que mostraban debilidad o inoperancia para mantenerse en el poder.

Su participación en tratados de paz (como el Tratado de Benegas de 1820) que lograron apaciguar la creciente conflictividad social y política de la época lo expondrían además como un personaje con mucho futuro político.

Sería el año 1829 el que lo catapultaría al principal puesto político de su vida como Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, cargo que ejercería en la práctica casi como un representante internacional de la región.

Entre sus logros a lo largo de lo años se pueden contar la definitiva pacificación de los territorios en conflicto, aunque esa paz muchas veces fue lograda a través del autoritarismo, la censura de los opositores y la violencia política. También se le ha reconocido históricamente su capacidad estratégica para detener el avance de la flota franco-inglesa en la zona de Vuelta de Obligado.

Sus gobiernos fueron una muestra clara de la incapacidad de los políticos de la época para construir algo perdurable e institucionalmente firme.

En 1852 sería derrotado por las fuerzas opositoras en la Batalla de Caseros y desde entonces se retiraría al exilio en Gran Bretaña, lugar donde moriría a sus 83 años en 1877.

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