Biografía de Jacques Bossuet

Jacques Bossuet ocupó un rol central durante el reinado de Luis XIV en Francia. Hombre de la iglesia y de la política, fue un defensor a ultranza de la teoría del origen divino del poder que avaló por largo tiempo el régimen absolutista en suelo francés. Sostuvo que la monarquía hereditaria era el sistema de gobierno natural, sagrado, y absoluto, y los reyes sus majestades divinas; para él, verlos era estar frente a Dios.

Nació en la ciudad de Dijón, un 27 de septiembre del año 1627, en el seno de una familia conformada mayormente por juristas y con una profunda fe religiosa. Recibió una educación jesuita y luego estudió las carreras de derecho, teología, y filosofía; profesionalmente optó por seguir su vocación religiosa y se ordenó como sacerdote.

Desplegó una intensa labor evangelizadora a lo largo de toda su vida profesional; en 1670 fue designado como obispo de la comuna francesa de Condom, y llegó a la corte como el tutor del delfín Luis de Francia (1661-1711), su labor más reconocida a lo largo de la historia por el impacto que tendría sobre el futuro político de su patria

El reinado de Luis XIV, conocido también como Rey Sol, fue uno de los más longevos de la historia y de los más famosos como consecuencia de representar fielmente el absolutismo monárquico y centralizado en la figura del rey. Por otra parte, fue un monarca que cultivó las artes, la cultura, y el lujo con el mismo tesón: promovió a autores como Moliére y Jean Racine, y construyó el lujoso Palacio de Versalles.

En 1671 accedió a la Academia Francesa, y desde la década del noventa desplegó diversos cargos de enorme influencia en la función pública francesa: Consejero de estado, Conservador de privilegios de la Universidad, y Gran maestro del Colegio de Navarra, entre otros, y en 1680 es nombrado como obispo de la comuna de Meaux.

Sin lugar a duda fue uno de los hombres más consultados por el Rey Sol, tanto en los asuntos de estado como en los religiosos; su erudición siempre lo situó un peldaño por delante del resto de sus colegas.

Defendió el absolutismo monárquico por sobre todas las cosas: la autoridad del rey procede directamente de la voluntad divina y por ende solamente deberá rendirle cuentas a este y a nadie más.

Su rol de historiador también le valió muchos reconocimientos, especialmente la edición de la obra Discurso sobre la historia Universal, que abarcó desde el origen del mundo, y que inevitablemente estuvo sumamente marcada por su fe religiosa; en cada página dejó trascender siempre la relevancia de la voluntad divina.

Se lo considera un emblema del Providencialismo, corriente que sostiene que Dios es el protagonista y sujeto de la historia, mientras que el hombre es un objeto e instrumento de él. Como no podía ser de otro modo fue uno de los más feroces y tenaces opositores de la Reforma Protestante, aunque como adversario hubiese algún amigo

Su muerte sucedió en la ciudad de París, en el año 1704, un 12 de abril, a razón de un cálculo renal.

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