Biografía de Jacqueline Kennedy

Como con muchas otras mujeres pertenecientes a una clase social elitista, donde la compasión y la empatía no son personajes principales, la vida de Jacqueline Kennedy estuvo marcada por el lujo pero también por la tragedia, por la soledad y el olvido. Su lucha por mantener a su familia en pie luego del horroroso asesinato de su marido, el presidente estadounidense John Fitzgerald Kennedy, demostró su fortaleza y su temple, elementos que no le habían sido reconocidos hasta entonces.

La pertenencia social que la llevaron a moverse en los círculos más altos de la elite norteamericana

Jacqueline Lee Bouvier nació en el año 1929 en el seno de una familia de poder del estado de Nueva York, en Estados Unidos. Esta familia no poseía una alta alcurnia como otras de tradición en el país, pero sí un enorme potencial económico debido a que su padre era corredor de bolsa y había amasado una gran fortuna con los movimientos financieros previos a la caída de Wall Street. Por la sangre de los Bouvier, de todos modos, corrían ancestros europeos que le daban cierto reconocimiento y le permitían moverse a Jacqueline con relativa comodidad entre los sectores de poder. Sus padres se divorciaron cuando era pequeña y cada uno de ellos rehízo sus vidas.

Durante su juventud estudio en colegios de elite y perfeccionó su interés por la fotografía, la historia y otras áreas que luego, como Primera Dama, debería dejar de lado frente al estricto protocolo diplomático. También fue una apasionada practicante de equitación, actividad que desplegó gran parte de su vida.

En el año 1952 conoció a quien sería su primer marido, J.F. Kennedy, para casarse tan sólo un año después, convocando a unos 700 invitados. Este imponente hombre, perteneciente también a una familia de la elite norteamericana, tenía toda una carrera por delante en el Partido Demócrata, que lo llevaría a ocupar el cargo más preciado: Presidente de los Estados Unidos. Jacqueline acompañó esa trayectoria desde un lugar de entrega absoluta a los proyectos de su marido.

Tuvieron dos hijos Caroline y John-John.

La tragedia y la vida después del dolor

En el año 1963, estando junto a su marido en plena visita al estado de Texas, un francotirador asesinó al presidente estadounidense de un disparo en la cabeza. El asesinato es recordado como uno de los hechos más terribles de la historia, especialmente porque fue registrado por las cámaras que se encontraban transmitiendo el desfile. Desde entonces, al ser testigo directa de la muerte instantánea de su marido, Jacqueline se sumió en una profunda depresión que la alejó del mundo de la política. Fue en esa época que experimentó la soledad al comprobar que todos los ayudantes y asistentes de su marido desaparecieron ante su ausencia física.

A los pocos años de morir su marido, Jacqueline recompuso su vida amorosa al casarse con el magnate millonario griego Aristóteles Onassis. Junto a él llevó una vida de excesivo lujo y placer, tal vez buscando olvidar el dolor que la viudez le había provocado.

Dedicó su vida a proteger a sus dos hijos por miedo a que fueran asesinados también en Estados Unidos y se mudó a las islas griegas con ellos, donde intentó formar una nueva historia.

Luego de que en los últimos años el matrimonio se convirtiera en una tortura para ambos, y mientras se tramitaba el divorcio de la pareja, en en 1975 Onassis fallece y deja una gran fortuna a Jacquie.

Desde entonces, y hasta su propia muerte, Jacqueline dedicó su vida a la filantropía, los viajes y los eventos diplomáticos.

Murió de un linfoma en 1994 en la ciudad de Nueva York.

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