Biografía de Irena Sendler

Como uno de esas maravillas que de vez en cuando nos da la Humanidad en el medio del caos o del terror, la presencia de Irena Sendler fue la diferencia entre la vida y la muerte en el terrible y famoso Holocausto que los nazis perpetraron contra los judíos y otras minorías en la Europa de mitad del siglo XX. Esta enfermera y trabajadora social polaca llevaría adelante un silencioso pero arduo y arriesgado labor para salvar a miles y miles de niños de un destino seguro a la muerte.

Irena fue conocida como "El Ángel del Gueto de Varsovia" debido a su inconmensurable valentía y entrega por las vidas ajenas.

Un origen vinculado a la medicina y al servicio hacia los otros

Irena Sendler, nombre con el que se la conoció históricamente, nació en 1910 en la ciudad de Varsovia. Para aquella época no se esperaba que nada de lo ocurriría tan sólo unos años más tarde fuera posible, por eso los primeros momentos de su vida fueron tranquilos. Su padre era un famoso médico que dedicó su profesión a ayudar a los enfermos más pobres y humildes y esto sería lo que le haría morir sólo unos años después de nacida Irene a causa del contagio de tifus. Irena desde entonces se sintió especialmente vinculada a los más necesitados y al reconocer la calidad de ayuda y asistencia que requerían.

Para su adultez, su interés por este tipo de situaciones la llevaron a estudiar enfermería y gracias a esa profesión pudo dedicarse toda su vida a lidiar con los problemas de los enfermos pero desde un lugar de contención y ayuda. En el momento en que estalla la Segunda Guerra Mundial, Irena se encontraba trabajando en Varsovia, por lo cual el terror y el espanto de las medidas nazis se convertirían en parte directa de su vida.

Tomar acción en el horror para convertirlo en esperanza

El gueto de Varsovia seguramente haya sido una de las experiencias más cruentas y salvajes de la historia de la Humanidad. Allí, los polacos judíos fueron enviados a vivir encerrados y hacinados al ser Polonia invadida por los nazis. El destino final de miles de ellos fueron los campos de concentración, espacios del terror de los cuales muy pocos sobrevivirían. En ese lugar, sembrado de miedo, sospecha y angustia, Irena ejecutó un plan maravilloso y esperanzador: utilizar todos los medios disponibles para poder sacar de allí a los niños y niñas de familias judías que tenían un final certero.

Gracias a su profesión de enfermera, Irena pudo organizar junto a varios colaboradores un sistema de entrada y salida del gueto que le permitía llevar en ambulancias y carretas varios niños escondidos o disfrazados como enfermos de tifus. El desprecio que los alemanes sentían por los enfermos ayudó a que pocas veces revisaran con especial ahínco las pertenencias de estos carros.

La tragedia que implicaba para muchas familias deshacerse de sus niños era coronada con la posibilidad de asegurarles la vida a pesar del dolor inmenso de verlos partir. Así es que Irena logró salvar a alrededor de 2500 niños que luego fueron llevados a vivir con familias adoptivas, habiendo sus padres muerto en los campos.

La labor de esta enorme pero humilde mujer ha sido recordada por muchos organismos internacionales como una obra de valentía y dignidad. Ha recibido premios en todas partes del mundo, condecoraciones e incluso visitas al Papa Juan Pablo II como una muestra de reconocimiento a su increíble coraje. Estuvo candidateada al Premio Nobel de Paz en el año 2007 pero no lo ganó y su país la distinguió como la Dama de la Orden del Águila Blanca.

En 1943 fue descubierta por la Gestapo y a pesar que fue torturada jamás develó sus secretos ni la identidad de quienes la ayudaron. A pesar de estar condenada a muerte, se salvó y siguió viviendo en la clandestinidad hasta la caída del régimen.

Falleció muy longeva, a los 98 años, en su ciudad natal, un 12 de mayo del año 2008.

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