Historia de Hestia

Los dioses del hogar más conocidos en occidente son tal vez los lares romanos, pero la mitología griega también tiene su propia deidad encargada de las cosas del hogar, Hestia, en sintonía con todas las religiones antiguas que tenían una deidad para cada aspecto de la vida.

Hestia era, en la mitología griega, la diosa del hogar y la cocina, aspectos ambos íntimamente ligados.

Debemos entender que, en la época, la gente no pasaba en general mucho más tiempo que el de dormir y realizar otras tareas necesarias en casa, ya que los domicilios eran pequeños e insalubres. Por lo menos, eso para la gran mayoría de la población, con la excepción de los potentados, que podían permitirse grandes casas, con espacios abiertos y bien ventilados, y servicio de limpieza.

Hestia era la diosa del fuego, un elemento clave en la supervivencia de las personas en aquella época, y que daba sentido a la cocina, además de serlo también de la arquitectura.

Con estas “atribuciones” o “competencias”, Hestia cubría todos los aspectos importantes del hogar, desde su concepción hasta su uso diario. Por su condición, Hestia era la destinataria del primer sacrificio que se hacía en los banquetes y, de hecho, según la mitología, a ella había sido dedicado el primer sacrificio público.

Era la hermana mayor de Zeus, el dios padre, hija de los titanes Crono y Rea, aunque en general es mucho menos conocida que su hermano pequeño y otros de los hermanos de Zeus. A esto ayuda que, según los relatos, prácticamente no saliera del Olimpo y, por lo tanto, no se inmiscuyera en las disputas entre los dioses y los humanos.

En el Olimpo, como era de su condición de diosa del hogar, cuidaba de todos los aspectos antes referidos para la morada de los dioses. Su casa en el Olimpo estaba situada en el lugar más alto del monte, lo que da una pista sobre la preeminencia de esta diosa en los aspectos hogareños, incluso por delante de su hermano y dios principal del panteón griego.

En el hogar de los dioses, ella y su sobrino Hermes eran los encargados de la preparación de los banquetes, algo súmamente importante en la tradición griega, que los mortales “importaron” de los dioses... o estos últimos reflejaron de los mortales como creación de la imaginación de estos...

Era una diosa que prometió seguir virgen y no entregarse a ningún otro dios.

De hecho, esta medida la tomó porque sus amores se los disputaban Poseidón y Apolo y, de esta forma, conseguía evitar la que hubiera sido la primera disputa entre dioses olímpicos, ya que acabó por no ser ni del uno ni del otro.

Los sacrificios que se le dedicaban, y que he comentado antes, solían ser por ese motivo -en alusión a su eterna virginidad- terneras menores de un año, animales vírgenes y puros.

No obstante, su animal favorito, y que era engalanado para celebrar sus festividades, era el asno. Esto es debido a un episodio en el cual Príapo intentó violarla tras una fiesta en la que los dioses habían acabado quedando todos dormidos, y Hestia fue alertada por los rebuznos del asno de Sileno.

Su equivalente romana será Vesta y, con ella -y para hacernos cargo de la importancia de esta diosa- el culto de las vestales (sus sacerdotisas) será uno de los más importantes de la ciudad eterna.

Las vestales también debían ser vírgenes, al igual que Vesta y su homóloga griega Hestia. De hecho, uno de los mayores escándalos de la Roma republicana fue ocasionado, precisamente, por el mancillamiento de esa virginidad. Pero eso, ya es otra historia...

Fotolia. (en orden de aparición)
jozefklopacka

Buscador

Recientes