Historia de Hespérides

Para los griegos antiguos, mencionar las Hespérides significaba referirse tanto al jardín como a sus guardianas, aunque por el contexto de la conversación, normalmente ya sabían a quién se referían.

El jardín de las Hespérides era, para la mitología griega, el huerto de la diosa Hera en occidente, en el cual crecía un manzano que daba como frutos manzanas doradas.

Geográficamente, el jardín se sitúa en occidente, para unos en la cordillera del Atlas (en el norte de África, frente a la Península Ibérica) y para otros en Tartessos, una civilización con elementos tanto reales como mitológicos, que se desarrolló en la Península Ibérica, muy probablemente en el sur (actual región de Andalucía, probablemente con partes del Algarve portugués), pero que algunos autores llegan a situar en el norte de la misma península.

Hera era la vengativa hermana y esposa del dios Zeus, reina de los dioses.

Las manzanas doradas que crecían en el jardín de las Hespérides daban la inmortalidad.

Es por ello que estaban reservadas a los dioses, y eran objeto de tentación para los mortales (¿quién no desearía la inmortalidad?).

No es nada casual que en la mitología nórdica también un manzano que da manzanas doradas cuya ingesta da la inmortalidad: ambas religiones parten de una proto-religión común indoeuropea, y es lógico que contengan elementos idénticos.

Las guardianas de este jardín eran las Hespérides, tres ninfas: Egle, Eritia y Hesperetusa.

No obstante, y aunque esta tríada con sus correspondientes nombres es la más comúnmente aceptada, hasta nosotros han llegado narraciones con un número de Hespérides variable.

Hera no se fiaba mucho de las Hespérides como cuidadoras del jardín homónimo (¿y de quién podía fiarse la diosa con el marido que tenía?), por lo que les puso un “ayudante” (que, en realidad, también las vigilaba a ellas) en la forma del dragón Ladón, el cual tenía cien cabezas.

Entre las leyendas más conocidas que involucran al Jardín de las Hespérides y sus guardianas, figura la del undécimo trabajo de Hércules.

Este consistió en robar las manzanas, para lo cual el héroe primero tuvo que conocer la ubicación del jardín y, al llegar a él, engañó a Atlas para que recogiese la fruta por él.

Otra leyenda menos conocida actualmente es la que sitúa a una de las manzanas doradas en la génesis de la guerra de Troya, ya que fue la que provocó el concurso de belleza entre Hera, Atenea y Afrodita, siendo esta última la vencedora según Paris, quien a su turno fue favorecido por la diosa ganadora con el amor de Helena. Un amorío que acabaría provocando el conflicto bélico al abandonar ella su esposo Menelao, rey de Esparta.

Arte Fotolia: Archivist

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