Biografía de Heinrich Himmler (1900-1945)

No deja de ser paradigmático que el segundo líder en importancia del régimen nazi, el todopoderoso Heinrich Himmler, fuera todo lo opuesto al prototipo del ario puro que preconizaba el nacionalsocialismo, y más las SS, la organización del régimen que él presidía.

Si aquel era el del rubio alto y fornido de ojos azules, Himmler era más bien poca cosa, moreno, sufriendo además diversas dolencias físicas. Para resumir: si Himmler no se hubiera encontrado en la cúspide de las SS, probablemente sus miembros se hubieran reído de él afirmando que les parecía más “subhumano” que un superhombre ario.

Heinrich Himmler nació en 1900 en Luneburgo, en el norte de Alemania, en el seno de una familia católica acomodada.

El carácter del joven Himmler era el de un escolar brillante pero arisco, poco sociable con sus compañeros, y aparentemente con un cierto (o fuerte) trauma con su físico, débil pero que él entrenó con todo tipo de ejercicios para fortalecerlo.

No combatió en la Primera Guerra Mundial, conflicto durante el cual se estuvo formando como cadete para ser oficial. Ya desde bien joven se había interesado por temas de actualidad política e historia, por lo que podemos suponer que en su mente ya se conformaba un cierto ideal pangermanista y racista, aunque estos no se cimentarían y complementarían hasta su ingreso en el partido nazi.

También en esta época, durante su carrera universitaria, empezaría a adentrarse en el mundo del ocultismo, el cual también dominaría su vida a posteriori.

En 1923 ingresa en las SA, la milicia paramilitar del NSDAP, frustrado por no poder ingresar en el ejército.

Tras el fallido Putsch de Múnich del mismo año, del cual Himmler no sufrió consecuencias legales (hacía poco que era miembro del partido y, probablemente, su participación fue irrelevante), abandonó la fe católica y se alejó rápidamente de su familia y amigos.

Se aprovechó de la descabezación del partido, con Hitler y algunos dirigentes más en prisión, y del desorden imperante en la formación, para acumular cierto poder trabajando como organizador y propagandista, tareas en las que excelió.

En 1925 se une a las SS, el cuerpo de guardia personal de Hitler -una suerte de guardia pretoriana-, algo que marcará su futuro en el partido y en el régimen.

Este cuerpo no tenía todavía la gran importancia que tendría posteriormente (y la cual, en su mayor parte, será debida a la iniciativa del propio Himmler), ni siquiera era independiente, pues formaba parte de las SA de Ernst Röhm, y él ni siquiera era su líder absoluto, ocupando un puesto intermedio.

En 1929, Himmler conseguía por fin ser puesto a la cabeza de las SS, después de que Hitler aceptara su visión y plan de convertir a dicha fuerza en una poderosa fuerza de combate paramilitar y “racialmente pura”.

No cabe ni decir que con el ascenso nazi al poder en 1933 catapultó a las SS, como a toda la infraestructura del partido y, especialmente, a sus jefes, un poder que aumentó tras la Noche de los cuchillos largos, gracias a la cual las SS -y, por lo tanto, Himmler- pudieron deshacerse nominalmente (porque en la práctica ya lo habían hecho) de su supeditación a las SA.

Himmler siempre fue un “personajillo” que manipuló en la sombra, confabulando contra sus teóricos compañeros en la cúpula nazi que, en realidad, rivalizaban unos con otros por la acumulación de poder.

Más astuto que los demás, el jefe de las SS creó un servicio secreto dependiente de la organización que presidía, al que denominó SD, y a cuyo mando puso a un hombre de su confianza, un nazi fanático llamado Reinhard Heydrich.

Este servicio de espionaje no solamente trabajaba contra los enemigos del régimen nazi, si no que también era utilizado a nivel personal por Himmler para obtener información privilegiada sobre sus rivales en el seno del partido y del gobierno.

Himmler no paró hasta ver reunidos, bajo su mando, todos los servicios policiales de la Alemania nazi.

Mientras que la derrota de la Luftwaffe de Goering sobre los cielos de Inglaterra, haría que este perdiera parte del favor de Hitler, y muchos de los influyentes nazis fueran perdiendo prestigio ante el Führer a medida que se sucedían las derrotas, Himmler iba ganando prestigio y escalando en el escalafón hasta convertirse en el número dos del régimen.

Su visión de lo que debía ser el mundo germánico pasaba por una SS todopoderosa, que comandaría los destinos de una nación racialmente pura, y que encabezaría también una nueva religión

Esta estaba llamada a sustituir el cristianismo, remontándose para ello al paganismo de la era germánica, y siguiendo las mismas creencias místicas que Himmler seguía. El castillo de Wewelsburg, en Alemania, debía acoger la sede religiosa de esta nueva organización.

Mientras, Himmler también persuadiría a Hitler de que había que convertir a las Waffen-SS en el sustituto del ejército (la Wehrmacht), siendo así que estas fuerzas directamente dependientes de las SS fueron ganando cada vez más relevancia en los combates, y en los últimos meses de la guerra ya no se reclutaron nuevas levas para el ejército regular, sino que solamente se alistaron hombres en las SS de combate.

Con todo esto, en definitiva, Himmler estaba construyendo un estado dentro del estado.

Su intención era probablemente que dicho “estado interior” pasara a sustituir al viejo estado tras la guerra o en algún momento de esta, un momento probablemente postergado indefinidamente por el signo contrario de los eventos para el régimen nacionalsocialista.

Las SS también fue el cuerpo encargado del asesinato masivo de judíos y personas de otras etnias consideradas como “subhumanas” por los nazis. Existen varias fotos de Himmler visitando campos de prisioneros y de concentración, y este jerarca nazi no solamente conocía la existencia de dichos campos, sino que daba órdenes con completo conocimiento de causa de lo que pasaba allí dentro.

Sacándose la espina de no haber podido disfrutar de una carrera militar, hacia el final de la guerra Himmler también consiguió ser nombrado por Hitler como primero al mando del Grupo de Ejércitos Vístula.

Este estaba pensado para detener el avance soviético sobre Pomerania, pero la incapacidad en el mando de Himmler, junto a su desconocimiento de la forma de trabajo militar y de la logística que acarrean las operaciones, hizo que las acciones de dicho grupo fracasaran estrepitosamente.

Esto hizo que Himmler perdiera buena parte del prestigio que había ganado a ojos de Hitler, y que la relación entre ambos se deteriorara.

Al final de la guerra, y viéndolo todo perdido, Himmler quiso negociar con las autoridades aliadas.

Estas se negaron; el segundo de abordo del Reich no podía darles nada que les pudiera interesar con la excepción de un juicio mediático. La BBC radió la noticia de las negociaciones, y un Hitler encolerizado dio orden de busca y captura de Himmler, el cual ahora debía huir para salvar la piel, perseguido por unos y por otros.

Finalmente capturado por los aliados el 21 de mayo de 1945, suicidándose dos días después cuando era sometido a un examen médico -ya una vez reconocido por sus captores-, sabedor de lo que le esperaba.

Se iba así uno de los máximos jerarcas nazis y uno de los tipos más despiadados que ha andado sobre el suelo de este planeta.

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