Historia de Hanan Pacha

Las religiones, sean las clásicas politeístas o las más modernas monoteístas, tienen puntos en común, entre ellos la creencia de que los dioses viven en un lugar concreto, aunque este se encuentre fuera de nuestro alcance.

Ese lugar ha tenido nombres distintos, como el Olimpo para griegos clásicos, Asgard para los nórdicos antiguos, o el cielo para los cristianos.

Para los incas precolombinos, el concepto de morada de los dioses -lo que vendría a ser su Olimpo y cielo- era Hanan Pacha.

Hanan Pacha era una de las dos partes en las cuales se dividía el mundo supraterrenal, un lugar donde habitaban los dioses y al que las personas justas iban después de morir.

Vemos con esto que la religión andina guarda semejanzas con el resto de las religiones, de premiar un concepto de “persona justa”, permitiendo a quien ha seguido un comportamiento recto, justo y ética y moralmente aceptable, residir como premio junto a los dioses por el resto de la eternidad.

Esta visión del premio para los justos difiere en pocas ocasiones, como en la religión nórdica antigua, ya que en esta, el premio era el Valhalla para los guerreros que se comportaban valerosamente en batalla, dejando más o menos de lado si sus actos eran o no justos.

La representación animalística de Hanan Pacha es el cóndor.

Este animal vive en las cumbres andinas, sobrevolando a los mortales. Está, por lo tanto, más cerca de los dioses (y, por ende, de su morada, que se sitúa “arriba”, según la terminología incaica) que los humanos.

La identificación del cóndor con Hanan Pacha convierte a este animal en sagrado para los incas.

Los dioses del Hanan Pacha también podía materializarse en forma humana, con la cual servían de nexo entre el mundo de los mortales (Kay Pacha), y el propio Hanan Pacha.

Debido a las similitudes de Hanan Pacha con el cielo cristiano, los misioneros españoles lo utilizaron para explicar la doctrina cristiana a los nativos americanos.

Los europeos buscaban nexos entre ambas religiones y puntos en común o similares, de forma que los conceptos del cristianismo fueran asimilables a algunos de la religión incaica, y el cristianismo explicable a través de paralelismos.

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