Biografía de Friedrich Nietzsche

Considerado uno de los filósofos de la sospecha, y uno de los pensadores más importantes de todo el siglo XIX y la modernidad, Friedrich Nietzsche ha sido siempre una figura profundamente atractiva de conocer. Sus postulados han servido para romper muchos dogmas incluso dentro de la misma academia y para plantear novedosas formas de reflexionar sobre la existencia.

La oscuridad aparece desde temprano y marca el destino del pensador

El pensador y filósofo que aquí describimos nació en el seno de una familia humilde y protestante, en el noroeste de lo que hoy es Alemania, a mediados del siglo XIX. Desde muy chico experimentó situaciones de profundo dolor que definitivamente lo marcarían en la construcción de su identidad y de su trabajo académico.

En aquellos años de su infancia, Friedrich vio morir a su padre luego de una larga agonía que él mismo reconocería como dolorosa para toda la familia en sus memorias autobiográficas. Al poco tiempo, el deceso de uno de sus hermanos también acontecería y ambos eventos transformarían al joven en un ser adusto y serio.

Sus primeros escritos ya nos permiten observar el carácter de su posterior obra ya que son textos en los que filosofa sobre el origen del mal y comienza a definir lo que luego sería su postura escéptica respecto del por qué de la existencia. Desde su juventud Friedrich se mueve en círculos académicos de cierto nivel y puede así comenzar a trabajar, luego de estudiar teología y filología, en profesor en la célebre Universidad de Basilea.

La teoría de la sospecha y la postura filosófica de Nietzsche

Nietzsche es reconocido internacionalmente por sus aportes a la filosofía y se lo considera hoy uno de los filósofos escepticistas más potentes. La idea de la filosofía de la sospecha, acuñada por el escritor Paul Ricoeur, pone de manifiesto el interés de este pensador alemán (así como también de Marx y de Freud) por sostener que la conciencia humana es una fantasía, algo incomprobable y producto de la negación de la esencia humana frente a otros fenómenos tales como la religión.

Su famosa frase "Dios ha muerto" es una clara representación del sobrado interés de este filósofo por marcar la necesidad de que el hombre se separe, y separe su conciencia, de los dogmas religiosos que lo determinan en su conducta y cosmovisión.

Para él, tanto las religiones como la vida occidental de las sociedades modernas son muestras del individualismo que carcome a la esencia bondadosa y compasiva del ser humano y por lo tanto celebra el momento de reconocimiento de tales males como el momento de liberación final del ser humano.

Debido a lo controversial de sus supuestos, Nietzsche pasó los últimos años de su vida sumido en la soledad y en una la irreversible demencia que lo hizo volverse un ser paranoico y extremadamente hosco. Mantuvo vínculos con sus allegados más directos, a quienes dedicaba correspondencia cada vez más incoherente.

Se cree que padecía de diversas enfermedades no correctamente diagnosticadas, entre ellas un posible cáncer cerebral. Murió tan sólo 55 años luego de haber nacido.

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