Biografía de El Greco

Ha pasado a la historia como uno de los grandes de la pintura española y, sin embargo, fue español de adopción y a edad tardía para la época, por lo que “El Greco” no es más que un apodo que denota su origen: Grecia.

Doménikos Theotokópoulos, quien pasaría a la historia de la pintura como “El Greco”, nació el 1 de octubre de 1541 en Candía (Heraklion), en la Isla de Creta.

Por aquel entonces, dicho territorio era un enclave de la Serenísima República de Venecia, una república comercial. Su padre y su hermano eran comerciantes, y podemos tipificar a su familia como “acomodada”.

Fue en su Creta natal donde estudió pintura, dedicándose a crear los típicos iconos religiosos orientales de estilo posbizantino, tarea en la que mostró pericia: en 1566, la venta de uno de sus cuadros le reportó una cuantía similar a una obra de los grandes pintores renacentistas de la época.

Dada su fama, era lógico que en un momento u otro recibiera la llamada para ir a la metrópolis, ya fuera de motu proprio, o bien siendo subvencionado por algún mecenas.

Alrededor de 1567 se traslada a Venecia para completar su formación como pintor, estudiando las obras de genios como Tiziano, Tintoretto o Veronese. Para el joven cretense, el descubrimiento del arte que entonces se practicaba en Venecia fue ver la luz y, desde entonces, adoptó las técnicas y formas típicas del renacentismo véneto.

En 1570 se traslada a Roma, abriendo al poco tiempo su propio taller, ya como artista con cierto renombre, pero todavía con mucho camino por delante. Será aquí, en la ciudad eterna, donde su estilo madura abrazando el manierismo, un estilo que requiere de un gran virtuosismo y que exagera las figuras humanas, centrando en ellas no sólo la atención del espectador, sino prácticamente toda la acción del cuadro, con colores muy vivos.

Ya entonces se le conocía por el apodo con el que sería famoso, Il Greco, es decir, “el griego”, aquel extranjero que pintaba a la manera de los grandes artistas italianos.

No obstante, al ser precisamente extranjero, le costaba encontrar trabajos, pues en Italia había predilección entre quienes contrataban artistas, a decantarse por los propios italianos.

Por ello, en 1576 acepta una invitación para marchar a España.

primero estuvo en Madrid, trasladándose luego a Toledo. En España sería donde El Greco desataría toda su genialidad y depuraría su estilo pictórico hasta cotas inimaginables, lo que le ganaría un puesto en la galería de grandes genios de la pintura universal.

Si bien había querido ganarse el favor del monarca español Felipe II, el pintor de Candía no lo consiguió, quedándose a residir en Toledo.

Disfrutaba de buenas relaciones con la curia católica española, y es muy probable que practicara la religión católica, por lo menos públicamente, aunque hay dudas de si alguna vez, sobretodo en su juventud, había abrazado la fe ortodoxa.

Si este fuera el caso, al desarrollar su carrera artística en Italia y España, es factible su conversión al catolicismo por interés. Los encargos recibidos para que pintara cuadros que apoyaran las tesis de la contrarreforma, demuestran su militancia católica (o bien su simple interés mercenario), y hubieran sido difíciles de conseguir siendo un ortodoxo militante.

El Greco fallecería en Toledo en 1614 a los 73 años de edad.

Entre sus cuadros más conocidos tenemos “El caballero de la mano en el pecho”.

Este retrata a un caballero anónimo, cuyo gesto dan una idea de honor e integridad, y que vendrían a destacar los valores ideales de un caballero.

También son suyos “El entierro del conde Orgaz”, “Adoración de los pastores” (y que bien pudiera ser su último cuadro), la “Visión del Apocalipsis”, o “El expolio”, una obra cumbre del manierismo.

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Olivia


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