Biografía de Eisenhower

Pasará a la historia como el comandante supremo de las fuerzas aliadas en occidente, el militar que dirigió el operativo del día D y que, tras la guerra, aprovechó su prestigio ganado en los campos de batalla de Europa para lanzar una exitosa carrera política que lo llevó a la presidencia del país.

Dwight D. Eisenhower nació en 1890 en Denison, Texas, hijo de una familia de raíces alemanas.

Aunque pronto la familia se trasladó a Abilene, en Kansas, población que Eisenhower consideraría como su verdadero hogar. El joven pronto se interesó por la historia militar, pasión que marcaría su vida.

En 1911 ingresaba en la prestigiosa academia militar norteamericana de West Point.

En sus estudios fue un alumno normal, nada parecía hacer presagiar el brillante futuro que le esperaba en el estamento militar, aunque ya dejaba a entrever un carácter fuerte y mucha confianza en sus convicciones, características necesarias para ejercer con éxito el liderazgo.

En 1915 finaliza su carrera en West Point y es destinado a Texas, donde conocería a la que sería su esposa hasta 1961 (año de la muerte de ella), Mamie, con la que se casaría al año siguiente.

En 1917 Estados Unidos entraba en la Primera Guerra Mundial, y Eisenhower solicita un destino en Europa, que no le es concedido.

El futuro comandante en jefe del Día D no vería acción de combate durante la Primera Guerra Mundial, pero tras pasar por varios campos, sería destinado a entrenar con una unidad militar recientemente formada, que utilizaba una máquina de guerra que marcaría los conflictos del futuro: el tanque.

Fue en Campo Colt donde, entrenando con tanques, conocería otro personaje clave de la Segunda Guerra Mundial: George S. Patton.

Gracias a su interés por las ciencias y la mecánica, Eisenhower fue labrándose su carrera militar en la posguerra en destinos relacionados con los tanques y vehículos en general, lo que le abriría la mente sobre el uso de los vehículos en los conflictos armados del futuro.

Fue uno de los avanzados a su tiempo, junto a su colega Patton, u otros como el alemán Guderian y el francés Charles de Gaulle, en la teoría de tanques.

Esta, fruto de la juventud del arma blindada, apuntaba a utilizar el tanque como apoyo a la infantería, mientras que Eisenhower (junto con los antes mencionados) era partidario de utilizar grandes masas de unidades exclusivamente de tanques (con infantería supeditada a prestar su apoyo) para romper el frente aportando velocidad y movilidad al ataque.

Eisenhower no sería escuchado, y más en un ejército norteamericano de entreguerras que se encogía en cuanto a hombres y recursos destinados.

También ganó experiencia en el mando y la organización siendo destinado a puesto de ayuda de generales destacados, como Pershing y MacArthur. Fue precisamente al servir a las órdenes de este último que se enemistó con él debido al carácter explosivo de MacArthur y al más reflexivo e introvertido de Eisenhower.

En 1941 le era otorgado el grado de coronel, y cuando Japón atacó Pearl Harbour, fue destinado al estado mayor norteamericano en Washington.

Nada apuntaba a que podía jugar un rol tan súmamente importante a lo largo de la guerra, pues era un mando sin experiencia dirigiendo tropas sobre el terreno, lo cual jugaba a su contra.

Sirvió bajo las órdenes del general Marshall, quien vio su talento y lo promocionó acorde con sus posibilidades. Eisenhower fue un excelente organizador y sabía lidiar bien con las distintas personalidades, por lo que fue elegido en 1942 como comandante supremo del frente occidental europeo, con sede en Londres, tras un viaje inicial a la capital británica y un informe redactado por su parte señalando todas las deficiencias organizativas del operativo creado para ganar la guerra.

Además de lidiar con los egos de los militares de alto rango (como la conocida enemistad entre Patton y Montgomery), Eisenhower también tuvo que vérselas con los intereses nacionales de cada país que formaba parte de los aliados, y de entenderse con la URSS.

Fue el caso de Francia que, por ejemplo, lanzó una operación de recuperación del archipiélago de San Pedro y Miquelón (situado ante las costas canadienses de Terranova).

Stalin, por su parte, demandaba la apertura de un segundo frente en el teatro de operaciones europeo para aliviar la presión que sufría la URSS, país en el cual el Eje tenía destinadas buena parte de sus tropas y recursos.

Como buen organizador, Eisenhower quiso recuperar primero el norte de África y luego atacar por el flanco más débil de su enemigo, Italia, ya que las tropas del país transalpino no luchaban muy motivadas y ya habían protagonizado derrotas y rendiciones masivas.

No obstante, la apertura de otro frente en Europa era algo pendiente que se materializaría el 6 de junio de 1944 en los costas normandas, tras descartar un ataque directo a Alemania.

Eisenhower tenía tantas dudas sobre el resultado del desembarco que escribió dos cartas: una por si tenía éxito, y la otra responsabilizándose del fracaso.

Y no es de extrañar, puesto que de dicha delicada operación dependía buena parte del éxito aliado en el frente oeste, y si las fuerzas del Eje hubieran podido rechazar a los aliados otra vez hacia el mar en las playas de Normandía, sin lugar a dudas la liberación de la Europa occidental se habría retrasado muchos meses e incluso años, permitiendo a los nazis centrarse en su campaña contra la URSS y poniendo contra las cuerdas a este aliado.

Tras la guerra, Eisenhower fue nombrado governador de la zona de ocupación alemana.

Una mota de brutalidad que empaña su expediente fueron los llamados “campos de la muerte de Eisenhower”, en los cuales se hacinaban prisioneros de guerra norteamericanos desposeídos de tal consideración (no eran POW -Prisoner of War-, sino DEF -Disarmed Enemy Forces-), de forma que pudiera haber una aplicación laxa de la convención de ginebra.

Y esa aplicación laxa, a la práctica, redundó en que los paquetes de comida de la cruz roja nunca llegaron a sus destinatarios, provocando la muerte por inanición de miles de soldados alemanes.

Esta conducta de Eisenhower, por lo demás un militar ejemplar, pudo ser debida a la contemplación de los campos de concentración que el ejército americano liberó, y que dejaron una profunda huella en el general.

Eisenhower predijo, en el mismo momento de ver los campos (y así consignó por escrito), que algún día, alguien intentaría negar aquellas evidencias.

Por ello quiso que el mayor número de personas possible pasara a ver los campos, empezando por los soldados de su propio ejército, y los vecinos de las poblaciones que se encontraban alrededor de los campos.

Tras la guerra, Eisenhower solicitó la excedencia del ejército, presidió la Universidad de Columbia (Nueva York), pero ya con la vista puesta en una carrera política.

Se presentó a las elecciones presidenciales de 1952 por el Partido Republicano, con un currículum excelente.

A fin de cuentas era “el vencedor de los nazis”, y realizaba promesas que interesaban al público como acabar con la Guerra de Corea. En las primarias había derrotado a su archienemigo, el también general MacArthur.

Contando con que su segundo a bordo fue Richard Nixon (quien sería después también polémico presidente), y que recibió el apoyo del ultraconservador Joseph McCarthy (el artífice de la “caza de brujas”), la ideología de Eisenhower no era, precisamente, lo que podemos llamar “progresista”.

Su primera acción una vez en el gobierno fue poner fin a la Guerra de Corea, tal y como había prometido.

También se negó a que los Estados Unidos ayudaran a Francia en su guerra en Indochina.

Una cosa poco conocida de Eisenhower es que él fue el artífice del excelente sistema de autopistas interestatales que conectan los Estados Unidos de costa a costa.

Un joven Eisenhower había viajado de punta a punta del país en 1919 en una suerte de viaje iniciático, una aventura que le costó semanas de tiempo debido a un sistema de carreteras interestatales no muy bien dispuesto, que conectaba cada estado con sus vecinos, y que era competencia de cada uno de los estados.

Durante la guerra, su contacto con el sistema de autobahn alemán, le inspiró a crear el sistema de autopistas interestatales.

Así, se explica que cada autopista interestatal deba tener, por ley, una milla de cada cinco recta, ya que ésta serviría en caso de aterrizaje de emergencia de un avión, o como pista de aterrizaje y despegue en el caso de posible conflicto militar. Eisenhower tomó esta idea del uso que hicieron los nazis de las autobahn, que en la fase final de la guerra fueron utilizadas como pistas de aterrizaje y despegue por la Luftwaffe.

Esto nos da una visión de como era de planificador Eisenhower, que tomaba los ejemplos que le gustaban y buscaba materializarlos

Repìtió mandato en 1957, hasta 1963, tras lo cual se retiró discretamente.

Escribió sus memorias mientras vivía una vida pacífica, diametralmente opuesta de la que se cree propia de un militar, pero debemos recordar que, ante todo, Dwight D. Eisenhower fue un general de despacho, un excelente organizador que no estaba destinado a pisar los campos de batalla, pero sin cuyas dotes innatas, dichos campos a lo mejor habrían sido desfavorables a las armas aliadas.

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Fotolia. (en orden de aparición)
Kevin Puget


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