Biografía de Eco

Todos sabemos qué es el eco y porqué se produce, pero lo que muchos desconocen es el motivo de tal nombre, y que para buscarlo debemos remontarnos a la antigua Grecia.

Según la mitología griega, Eco era una ninfa que tenía el don de tener una voz preciosa.

Hera tenía miedo de que Zeus, al escuchar la voz de Eco, se sintiera atraído por ella, y para desgracia (sobretodo, de la ninfa), así fue, por lo que Hera castigó a Eco.

En otras versiones del mito, Hera castiga a Eco porque la ninfa entretiene a la diosa con interesantes conversaciones para que esta no se dé cuenta de que Zeus la está engañando con alguna de sus numerosas amantes.

Fuera cual fuera la causa, el castigo fue el que todo el mundo conoce: Hera privó a Eco de voz propia, haciendo que sólo pudiera repetir la última palabra de aquel con quien hablaba. Esto, naturalmente, explicaba para los antiguos griegos el fenómeno del eco, aunque las desgracias de la ninfa no acabaron aquí.

Eco se enamoró del bello pastor Narciso, pero era incapaz de declararle su amor por no poderle hablar, por eso lo seguía sin ser vista.

Hasta el día en que pisó una rama de árbol, haciendo un ruido (¿cuántas veces no hemos visto una escena similar en una película?) y delatando con ello su presencia a Narciso.

El pastor gritó algo así como “¿hay alguien ahí?”, a lo que Eco respondió, involuntariamente, “ahí, ahí...”. Narciso entendió que había alguien, pero que no podía ver a esa persona estando emboscada, así que le pidió que se hiciera visible.

Eco así lo hizo, avanzando con sus brazos extendidos para abrazar al pastor, a lo que este se burló y la rechazó.

Dolida por el rechazo de Narciso, Eco se retiró a una cueva, donde se dejó morir por el abatimiento.

Es por ello que las cuevas son los lugares en los que podemos encontrar eco, porque el recuerdo de la ninfa homónima todavía persiste en ellas.

Pero ¿qué fue de Narciso? Pues recibió su merecido por lo que le hizo a Eco: Némesis, en su papel de vengadora, hizo que se enamorara de su propia imagen reflejada en un lago, de forma que el pastor no podía apartar la mirada de su reflejo, y acabó por perecer ahogado al intentar abrazar lo que veía.

En otras versiones, la leyenda reza que Narciso murió de simple dejadez, consumiéndose sin comer, beber o moverse por contemplar su reflejo.

También lo mismo se dice de Eco, la cual se habría dejado consumir en la cueva de tal forma que, al final, habría desaparecido, dejando solamente su voz que repite las últimas palabras que pronunciamos.

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