Biografía de Dioniso, Dios del Vino

“In vino veritas” afirmaban los antiguos, y la sabiduría popular actual se hace cargo de que los borrachos -y los niños- no mienten. Pero, para los antiguos, las borracheras muchas veces no tenían un fin (por lo menos solamente) recreativo, sino que los conectaban con los dioses. Y las bebidas alcohólicas, vehículo necesario para esta comunicación, tenían su propio dios en la mitología griega: Dioniso.

Dioniso es, para los antiguos griegos, el dios de la vendimia y el vino, así como de los excesos y las locuras que produce el consumo excesivo de alcohol.

Cabe indicar que la relación de los antiguos con el alcohol era diferente a la que tenemos hoy en día, y que si bien su consumo excesivo de forma habitual también estaba mal visto, una borrachera ocasional no comportaba la misma penalización social que actualmente.

Dioniso era hijo de Zeus y Sémele, una de las numerosas amantes mortales de Zeus.

Engañada por la siempre celosa Hera (hermana y esposa de Zeus), cuando ya estaba embarazada de Dioniso, Sémele le pidió al dios que se le apareciera en todo su esplendor, puesto que Hera le había dicho que, en realidad, sólo era un mortal que se estaba aprovechando de ella haciéndole creer que era el dios.

Incinerada Sémele por los rayos y truenos de Zeus, este último pudo salvar al semidiós, que todavía era un feto, incrustándolo en una de sus piernas hasta que maduró y pudo nacer.

Hera no cejó en su intento de deshacerse del niño, enviando a los Titanes para eliminarlo.

Estos consiguieron comérselo todo con excepción del corazón, que Zeus salvó a tiempo y reimplantó en el útero de Sémele, en el cual Dioniso se regeneró. Es por ello que este dios es conocido como el “nacido dos veces”.

Dioniso conoció bien joven la cultura del vino que practicaban los griegos, y se dedicó a enseñarla a otros pueblos de Asia Menor, antes de volver a Grecia para introducir su culto.

Es por ello que el culto a Dioniso implicaba un consumo exagerado de vino, con borracheras frecuentes entre sus acólitos, aunque no degeneraban en las bacanales que posteriormente se hicieron famosas en Roma (los romanos conocían a Dioniso como Baco).

Dioniso también está relacionado con la leyenda del rey Midas.

Este, que había cuidado de un amigo extraviado del semidiós, en recompensa recibió de Dioniso el presente de ver materializado un deseo, y Midas (sin pensarlo detenidamente antes) pidió que todo lo que tocara con las manos se convirtiera en oro.

El deseo dejó de tener gracia cuando Midas vio que los alimentos que pretendía ingerir se transformaban en el áureo metal al contacto de sus dedos, aunque finalmente pudo liberarse de su deseo/maldición, no sin antes haber convertido a su hija en oro.

El culto a Dioniso era mistérico, lo que significa que fuera de los iniciados en este, nadie conocía sus rituales.

Era como una sociedad secreta, como los actuales masones o los rosacruces, cuya existencia es pública, notoria y conocida, e incluso algo se sabe de sus rituales, pero cuyo conocimiento exacto es fragmentario e incompleto.

No era el único culto mistérico seguido por griegos y romanos, y estos existieron en casi todas las religiones politeístas antiguas.

Los candidatos a formar parte del culto debían pasar por una fase de iniciación y por diversos escalafones.

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