Biografía de Constantino

Históricamente reconocido como uno de los más grandes y mejores emperadores romanos, Constantino fue un líder militar adorado por sus tropas y responsable de gobernar el Imperio Romano en uno de los momentos de mayor expansión y crisis del mismo. Perteneciente a la dinastía Constantiniana (que le dio su apellido), Constantino ha sido siempre recordado por interceder ante los conflictos religiosos de la época permitiendo que el Cristianismo se convirtiera en religión autorizada dentro de las fronteras del vasto territorio romano.

Un destino escrito: el poder y la gloria

Flavio Valerio Aurelio Constantino nació el día 27 de febrero del año 272 de nuestra era. Su origen privilegiado le permitió codearse desde muy temprano de figuras de gran importancia y estar rodeado por tareas propias de toda familia real.

Su padre, Constancio Cloro, formó parte de la primer tetrarquía del Imperio Romano, aquella impuesta por Diocleciano con el objetivo de poder controlar de mejor modo el cada vez más grande territorio. Tal como era de esperarse, Constantino se insertó desde joven en el mundo de la política y sirvió al emperador Diocleciano en los últimos años del mismo al frente del poder.

Cuando su padre falleció en campaña, Constantino fue proclamado por sus propias tropas como emperador en el año 306 y lentamente su ascenso al poder asegurado por su fuerza militar como por su inteligencia política le permitieron ir concentrando año tras año más y más poder. De aquella tetrarquía fundada por Diocleciano, se pasó a una triarquía en el año 312, luego a una diarquía en el año 314 y finalmente el poder se concentró exclusivamente en sus manos en el año 326.

Un gobernante recordado por la tolerancia y la firmeza

Durante los años de su gobierno al frente del Imperio Romano, Constantino debió enfrentar numerosos problemas que fueron herencia de una economía devastada pero también de un cada vez más conflictivo territorio que controlar. Entre los principales obstáculos que encontró durante su reinado debemos sin duda alguna mencionar a la presencia del Cristianismo. Los seguidores de Cristo habían pasado ya bajo emperadores anteriores por épocas de persecución y tortura, así como también de clandestinidad y numerosos oprobios.

Pero su fe seguía fuerte y por lo tanto Constantino, como todo buen gobernante, supo reconocer su libertad, aceptando con el Edicto de Milán (del año 313) al Cristianismo como religión dentro del Imperio Romano. Esto no significó sin embargo que se convirtiera en religión oficial pero el mismo Constantino se convirtió en cristiano en su lecho de muerte como un profundo gesto de aceptación.

A pesar de la tolerancia lograda hacia los Cristianos, el gobierno de Constantino es recordado como uno en el cual las condiciones de vida y las leyes se endurecieron. La necesidad de terminar con la conflictividad social lo llevó a promulgar duras leyes con castigos ante la evasión impositiva, entre otros delitos.

Reformó la economía introduciendo una nueva moneda y renombró capital del Imperio Oriental a la actual ciudad de Estambul, que por entonces recibió el nombre de Constantinopla. Así quitó poder a Roma y al Senado con el cual se encontraba enemistado. Su fallecimiento sucedió en el año 337 en la ciudad de Nicomedia, actual Turquía. Su legado ha sido sin posibilidad de duda, uno de los más importantes de toda la historia romana.

Arte Fotolia: chrisdorney, joymsk, neurobite

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