Biografía de Claude Monet

Dueño de una distinguible pincelada y de una única paleta de colores, Claude Monet se ha convertido en uno de los exponentes más reconocidos del arte moderno. Su forma de representar el mundo y los paisajes se han considerado el puntapié inicial para las vanguardias artísticas del arte del siglo XX especialmente por comenzar a mostrar signos de deconstrucción de la imagen clásica nacida en el Renacimiento. Su vida, sin embargo, no es tan conocida como su obra y aquí detallaremos elementos centrales de la misma.

Un talento desarrollo tempranamente y un increíble futuro

Claude Monet nació a fines de 1840 en la ciudad capital de Francia, París. Sus padres poseían un negocio de especias que sirvió como primer experiencia para acercar a Claude al mundo del trabajo y las responsabilidades. Sin embargo, su interés no estuvo puesto nunca en continuar el oficio del padre y desde muy temprano en su vida descubrió que su pasión estaba en el dibujo y la pintura.

Entre sus aficiones se encontraban, además de pintar, sentarse a observar la naturaleza y especialmente el mar, unos de los motivos que más frecuentemente se han encontrado en su obra.

A diferencia de lo que suele ocurrir, el padre de Claude aceptó el interés de su hijo a pesar de que el mismo implicara no formar parte del negocio familiar. Su madre había fallecido y consideró que podía ser una muy buena idea asegurarle al joven dibujante una beca en alguna institución académica donde pudiera perfeccionar su talento. Desde el momento en que debió elegir la academia a la cual asistir, Claude mostró reticencia a formar parte de aquellas que requirieran una gran disciplina, técnica y rigurosidad. Sus paisajes y pinturas demuestran que ha siempre deseado escapar de tales imposiciones.

La creación de una nueva escuela pictórica y el paso a la eternidad

Es maravilloso pensar que Monet no sabría en vida la relevancia de su obra para el arte moderno y contemporáneo de Occidente. Con disgusto hacia el estilo académico realista, Monet se dedicó de adulto (a partir de la década de 1860) a construir un estilo propio que lentamente mostraría más y más matices hacia su definitivo estilo impresionista. La delicada y dedicada observación de los paisajes que solía realizar le permitieron desarrollar una técnica muy particular que desde el detalle parecía perder las formas y las siluetas pero que ganaba dimensiones y significado al alejarse uno de la obra.

El nombre de la escuela artística fundada casi inconscientemente por Monet tuvo que ver con uno de sus cuadros más reconocidos: Impresión, sol naciente, pintado en 1872 y donde se observa un horizonte sin líneas claras, donde los colores se funden y los barcos se transforman en humo a la distancia. Su interés por la luz lo llevó a pintar varias veces el mismo paisaje en diferentes momentos del día para comprobar como las sombras, la profundidad de los colores y la iluminación podían alterar cualquier imagen vista por los ojos humanos.

Hacia 1880 Monet se separa del grupo de impresionistas y comienza a trabajar solo en su atelier, construido por el mismo en la ciudad francesa de Giverny. Allí, rodeada de naturaleza, vegetación y flores pasó los últimos años de su vida al lado de su segunda esposa Alice para morir finalmente en 1926.

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