Biografía de Charlie Rivel

Hacer reír puede llegar a ser un verdadero arte y quienes lo dominan son los payasos del circo. En la historia del circo hubo un payaso que provocó carcajadas a millones de niños en todo el mundo. Su nombre artístico era Charlie Rivel, pero en realidad se llamaba Josep Andreu Lassarre.

Según sus biógrafos, se puso el nombre de Charlie por la admiración que sentía hacia otro genio de su época, Charlie Chaplin. Se cuenta también que un día el payaso se presentó a un concurso de imitadores de Chaplin y lo ganó.

Su carrera comenzó con tres años de edad y no dejó de actuar frente al público hasta el fin de sus días en 1983 cuando contaba con 87 años. En sus actuaciones no había grandes medios, solo una nariz roja, una peluca, una larga camiseta roja, una silla y una guitarra.

El humor que transmitía no necesitaba prácticamente de palabras, solo gestos de mimo y un característico aullido.

La familia Rivel forma parte de la historia del circo

Este catalán nacido en la localidad de Cubellas venía de una estirpe circense, pues su padres fundaron su propia compañía a finales del siglo XlX y con el tiempo crearon su propio circo. Tuvieron seis hijos y todos ellos estuvieron vinculados al mundo del espectáculo. Desde la década de 1920 la familia residió en una localidad cercana a Paris. Durante años Charlie Rivel compartió el escenario con sus hermanos realizando acrobacias y otras modalidades. Junto a sus hermanos Polo y René formó el célebre Trio Rivels.

En los años 30 los miembros de familia Rivel tuvieron episodios de desencuentro debido a sus diferentes ideologías políticas. En ese contexto Charlie Rivel decidió iniciar su carrera en solitario. Fue uno de los payasos más reconocidos del siglo XX y su historia es recordada en un museo de su pueblo natal.

Una de sus hijas, Paulina Schumann, ha sido una de las mejores amazonas y equilibristas de la historia del circo. En 1946 Paulina se unió al Circo Schumann y acabó casándose con uno de los caballistas más reconocidos, Albert Schumann.

Sus relaciones con el nazismo

Como todos los regímenes dictatoriales, el nazismo necesitaba de dos ingredientes básicos para mantener satisfecha a la población: pan y circo. Así, para deleitar al führer y a los máximos dirigentes nazis, los alemanes contrataron a Charlie Rivel. Para algunos historiadores, el payaso no pudo negarse, ya que tenía contratos firmados y debía cumplirlos. Para otros, colaboró con verdadero entusiasmo.

Los mandatarios de la Gestapo necesitaban a alguien que se opusiera a otra gran figura del humor y que además era judío, Charlie Chaplin.

En los últimos años se han publicado en Alemania varios libros sobre las cartas que el payaso envió a Adolf Hiltler y, como es lógico, estas publicaciones han ensombrecido la dimensión humana del payaso.

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