Biografía de Carles Puigdemont

Un político con gran olfato que ha puesto en jaque al gobierno y las autoridades españoles para los independentistas catalanes, o un “demonio” taimado y escurridizo para los unionistas españoles; el Molt Honorable President (título que reciben los presidentes de la Generalitat, el gobierno catalán) Carles Puigdemont no deja indiferente a casi nadie, y menos en su país y... en el país ¿vecino? (en posible referencia a España, recordemos que él proclamó la independencia de Cataluña, y mantiene un gobierno republicano en el exilio acorde con dicha proclamación).

Personaje de gran actualidad por todo lo que está sucediendo en su Cataluña natal y el papel que él ha jugado y está jugando en ello, tal vez sea momento de repasar su vida para comprender quién es, qué ha hecho, por qué lo ha hecho, y qué puede pasar a partir de ahora en esta “partida de ajedrez” entre Cataluña y España.

Carles Puigdemont i Casamajó nació en Amer (un pueblo de la provincia de Gerona) el 29 de diciembre de 1962, en el seno de una familia de tradición pastelera.

De hecho, la pastelería familiar todavía puede visitarse en su Amer local, y su familia ha tenido que apartar el foco mediático que en determinados momentos se ha posado sobre ella para poder continuar su vida y su trabajo con normalidad.

Para entender el sentimiento independentista de Puigdemont, es preciso comprender que las tierras de la provincia de Gerona se cuentan entre las de más tradición catalanista, y son en las que el independentismo ha conseguido mejores resultados, por lo menos en las últimas contiendas electorales.

Dicho sentimiento es todavía mayor en los pueblos de la provincia, como Amer, de tradición muy catalanista.

El joven Puigdemont fue activista de la Crida a la solidaritat, organización abiertamente independentista, además de pertenecer a las Joventuts Nacionalistes de Catalunya, la rama juvenil del partido político catalanista de centro-derecha CiU (Convergència i Unió, actualmente reconvertido en el PDeCAT).

Desde joven se interesa por las letras, la comunicación y la escritura, colaborando con diversos medios locales.

Pese a que inició la carrera de filología catalana, la abandonó para entregarse en cuerpo y alma al periodismo, disciplina a la que dedicaría su vida profesional.

En su época de juventud también ayuda en la pastelería familiar, y toca el bajo en un grupo de música local.

Como periodista, trabajó para los dos rotativos impresos más importantes de la provincia de Gerona: Los Sitios (que posteriormente cambiaría su nombre a Diari de Girona, que mantiene hoy), y El Punt (el actual El Punt Avui).

En este último medio llegó a ser jefe de redacción, antes de dejar dicho empleo para fundar su propia empresa, CAT Edicions, que ofrecía servicios de prensa a alcaldes, principalmente del partido CiU.

En 1999 es el primer director de la ACN (Agència Catalana de Notícies), así como director de la revista Catalonia Today, escrita en inglés para informar sobre la realidad catalana al mundo.

En el 2000 se casa con la periodista Marcela Topor, a quien había conocido en París. Esta traslada su residencia desde su Rumanía natal a la ciudad de Gerona, donde asentarán su familia. Juntos, tendrán dos hijas.

Si bien, y por su militancia independentista, Puigdemont había ido haciendo sus pinitos en el mundo de la política, su carrera despega en 2007 al ser nombrado candidato a la alcaldía de Gerona, puesto que no obtendrá, quedando él y el partido al que representa en la oposición. Su turno llegará en 2011

En dicho año sí conseguirá ganar la alcaldía, rompiendo la hegemonía que el Partido Socialista (PSC) había ostentado durante más de tres décadas. Desde 2006 es también diputado en el parlament autonómico catalán.

En 2010 “estalla” el proceso político independentista en Cataluña. La región siempre había tenido un fuerte sentimiento de diferencia respecto a España, con momentos de mayor presencia independentista (como, por ejemplo, en la década de los 30 del siglo XX), o menor (como durante las Guerras Napoleónicas), pero los recortes sufridos en el proyecto de nuevo estatuto de autonomía a manos de los dos principales partidos españoles (PSOE, en el poder, y PP, en la oposición), llevan a mucha gente a no ver otra solución viable de futuro para Cataluña, que su independencia.

La manifestación a favor del estatuto en julio de 2010 se convierte, de forma espontánea, en una masiva petición de independencia para el país.

Las elecciones a la Generalitat (el gobierno autonómico catalán) de 2016, darán el espaldarazo a Puigdemont hacia la presidencia de Cataluña.

Tras las votaciones, la posibilidad de formar gobierno por parte del bloque independentista quedó en manos de la CUP (Candidatura d’Unitat Popular), que vetó la continuidad del candidato propuesto por CiU, el anterior presidente Artur Mas.

La CUP, definida por sus rivales políticos como un partido “antisistema” (definición que ellos mismos aceptan pero cambiándola a un sentido positivo), es una formación izquierdista de corte revolucionaria, entendiendo dicha revolución como social y no militar/armada, protagonizada por el pueblo, a quien quiere entregar el poder efectivo. Es, por ello, una formación asamblearia con férreas reglas que limitan el poder y los mandatos de sus cargos.

La CUP veta cualquier posibilidad de nombrar a Mas como presidente de la Generalitat, lo que lleva a las formaciones independentistas coaligadas a tener que buscar una alternativa.

Si bien no entraba en las quinielas, Carles Puigdemont es el elegido por Artur Mas y la cúpula de Junts pel si (coalición que integra las formaciones independentistas) para optar al cargo.

Todavía hoy es un misterio el porqué concretamente la elección de Puigdemont cuando había otros candidatos teóricamente mejor posicionados, aunque es plausible que Artur Mas eligiera a quien consideró que tendría mayor fuerza de voluntad y tenacidad, así como ideales independentistas de primera hora, para materializar el mandato popular que los catalanes habían expresado mediante los resultados electorales.

La gran obra de gobierno de Puigdemont se centrará en dos hechos: la celebración del referéndum de independencia de 1 de octubre de 2017, y la subsiguiente declaración de independencia, llevada a cabo en dos fases.

El referéndum, vinculante a diferencia del celebrado el 9 de noviembre de 2014, era una promesa electoral del bloque de Junts pel si, y Puigdemont se dedicó a su materialización desde el momento en el que asumió el mando de la Generalitat.

El 1-O (como se conoce, por la abreviatura de la fecha, al referendo) constituyó un punto de inflexión en el proceso independentista catalán por la violencia empleada por las fuerzas policiales españolas en su intento de desarticulación.

Dicha violencia, criticada como excesiva a posteriori por diversas organizaciones no gubernamentales, pareció más bien encaminada a infundir miedo a los ciudadanos que quisieron votar aquel día, que a parar el propio referendo.

Puigdemont pudo votar, en un colegio electoral distinto al que le tocaba, gracias a dos factores: primero, el censo electoral universal, que permite a cualquier elector votar en cualquier colegio, controlando que no se repita su voto, gracias a la telemática, y, en segundo lugar, gracias a un hábil cambio de vehículo bajo un puente para esquivar la vigilancia policial, más propio de una película de espías.

Esta ha sido una constante en la carrera de Puigdemont como presidente de la Generalitat: ir un paso adelante de sus enemigos, como ya demostró en la organización del referéndum, ya que, por ejemplo, a Cataluña llegaron unas 10.000 urnas sin que la policía pudiera interceptar ninguna.

Quienes lo conocen, hablan de una persona que afronta los momentos difíciles con serenidad e inteligencia, que es lo que le permite siempre ir por delante de aquellos que le persiguen.

El resultado del referendo no deja lugar a dudas y, entonces, se abre un nuevo escenario con una duda: ¿ejecutará Puigdemont una declaración de independencia?

Tras unos días de intensas presiones, Carles Puigdemont declara, el 10 de octubre de 2017, la independencia de Cataluña, pero suspendiendo inmediatamente los efectos de dicha declaración a la espera -y realizando un llamamiento- de la mediación internacional.

Más tarde, el mismo Puigdemont admitiría haberse equivocado en suspender la efectividad de la declaración de independencia.

En el espacio temporal que media entre el 2 de octubre y el 10, las presiones para que no declare la independencia, tanto desde la misma Cataluña, como desde el resto de España y desde otros países (se habla incluso de una llamada de la canciller alemana Angela Merkel, aunque ello no está confirmado) se multiplican, aunque la presión desde el bando independentista para que se lleve a cabo también es considerable.

En una situación así, el presidente de la Generalitat encuentra una fórmula que le permite ganar tiempo para conseguir una mediación internacional que, sin embargo, no llegará: ningún país reconoce el nuevo y autoproclamado estado, y la cúpula de la Unión Europea no quiere ni hablar del asunto, refiriéndose siempre a ello como “una cuestión interna española”, aunque tanto en el Parlamento Europeo, como en los diferentes parlamentos nacionales, hay diputados favorables a que se hable del tema e, incluso, al movimiento independentista catalán.

El 27 de octubre, y viendo que las deseadas negociaciones no llegan, Puigdemont “descongela” la declaración de independencia para hacerla efectiva. El mismo día, el gobierno español disuelve por decreto el gobierno catalán y el parlamento autonómico.

El presidente de la Generalitat reacciona rápidamente y, viendo la posibilidad de ser encarcelado, se marcha al exilio el mismo día, junto a otros de los consejeros, mientras parte del gobierno se queda en Cataluña.

Puigdemont no se equivoca: los miembros del gobierno que se quedan, acaban siendo encarcelados.

Con un nivel de idioma francés fluido (además de inglés, rumano y, como no, catalán y castellano), Puigdemont se exilia en Bélgica, país que ofrece a los exiliados políticos ciertas garantías de que no serán extraditados.

En su exilio, Puigdemont sigue luchando por sus ideales independentistas, asumiendo la representación de un gobierno legítimo que ha sido inhabilitado en falso por el gobierno español, el cual mantiene el argumento diametralmente opuesto.

Deberá afrontar todavía unos comicios más, en diciembre de 2017, forzados por el gobierno español y que darán la victoria a las formaciones independentistas con mayoría absoluta en el parlamento, pese a que no podrá formar gobierno.

Esto es debido a que, pese a la “invitación” del gobierno español y las principales formaciones políticas de ámbito estatal, a que Puigdemont participara en dichas elecciones, y a que pueda encabezar la lista de su formación Junts pel si, una vez ganador, no le dejan tomar posesión de su cargo.

Para poder disponer de un gobierno “efectivo”, ha tenido que recurrir a la elección de otro político independentista, cediendo el testigo a Quim Torra, actual presidente de la Generalitat en el momento de escribir estas líneas.

Por en medio de estos hechos, la filtración por parte de un medio de comunicación español de una serie de mensajes intercambiados entre él y el consejero Toni Comín, también en el exilio, muestran sentimientos de desánimo por parte del President.

También encontramos el episodio de su detención en Alemania por las autoridades locales a petición del juez español que lleva su caso, y con la intervención de los servicios secretos españoles (CNI), detención que lleva la polémica sobre la legalidad del seguimiento al que ha sido sometido en países extranjeros, y que actualmente se está investigando en Finlandia y Bélgica.

Carles Puigdemont es, por encima de todo, una persona comprometida con sus ideales, y que ha sabido lidiar con mayor o menor acierto y fortuna ante la poderosa maquinaria judicial y policial de un gobierno español que quiere acabar de una vez por todas con lo que él representa.

Se compartan o no sus ideas o métodos, se ha revelado como un fino estratega, pero el problema que tiene su estrategia -por otra parte, como todas las estrategias en todos los enfrentamientos- es que solamente sabremos si es acertada “a toro pasado”, es decir, una vez se haya acabado el proceso independentista catalán, en un sentido u otro.

Fotos Instagram carlespuigdemont

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