Biografía de Calígula

Probablemente, la sola pronunciación de su nombre evoque en la mente de cualquiera, toda clase de perversiones y desviaciones: Calígula.

El tercer emperador de la familia Julio-Claudia nació el 31 de agosto del año 12 d.C. como Cayo Julio César Augusto Germánico, hijo de Agripina la Mayor y Julio César Germánico (conocido simplemente como Germánico).

Su padre, adoptado por Tiberio (antecesor en la dignidad imperial a Calígula), era un militar que ganó un amplio prestigio dirigiendo la venganza romana a la derrota del bosque de Teutoburgo y por su carácter castrense y cercano a las tropas.

Por ello, Tiberio le temía como posible rival, y se rumoreó -y los historiadores no aciertan ni a afirmar ni a desmentir tales rumores- que había ordenado la misteriosa muerte que Germánico encontró en Siria, no se sabe si envenenado o de enfermedad.

Es posible que para lavar su imagen, Tiberio decidiera adoptar al joven Calígula.

Calígula es un mote que refiere a las caligae, las sandalias utilizadas por los legionarios romanos, y le viene por acompañar desde bien joven a su padre en las campañas militares de este, pertrechado con un completo pequeño uniforme militar, zapatos incluidos.

El emperador Tiberio controló de forma despótica el destino de Calígula (como el de su vasto imperio), haciendo desaparecer de su alrededor a su familia de forma paulatina y buscando acercar el joven a su persona.

Calígula, quien según algunas fuentes, albergó siempre un gran resentimiento contra Tiberio (¿quien puede culparlo?), supo jugar bien sus cartas y, probablemente, hizo una buena actuación ante el ya veterano emperador, de forma que se ganó la confianza de este.

Cuando Tiberio se retiró a Capri en el 26 d.C, Calígula lo acompañó con su séquito.

Es probable que Calígula no hiciera este viaje de buen grado, sino obligado de alguna forma sutil o explícita por parte del emperador, que es muy probable que abusara de él en la isla.

La Capri de Tiberio era un paraíso hedonista dedicado a los placeres del emperador, un paraíso que se tornaba en infierno para los jóvenes del harén que Tiberio mantenía allí, y que eran violados por él y obligados a prácticas sexuales de tipo parafílicas.

Dos años antes de morir, Tiberio le nombro a él y a Tiberio Gemelo (primo del mismo calígula y nieto de Tiberio) herederos al trono, pero poco después de la muerte de Tiberio, Calígula lo hizo asesinar acusándolo de conspiración.

El reinado en solitario de Calígula se inició del mejor modo; era un gobernante competente y preocupado por su pueblo, y nada hacía presagiar en el monstruo en el que se convertiría a posteriori.

El ejército y el pueblo lo amaban; al fin y al cabo, era el hijo de un militar muy apreciado tanto por los propios militares (las legiones a su mando le habían propuesto que se candidatara al puesto imperial, petición que él había declinado) como por los civiles.

Y Calígula respondió a este amor con medidas que favorecían a la plebe así como a las tropas, además de erradicar todas las medidas impopulares de su predecesor Tiberio y levantar las penas de exilio a aquellos que este había desterrado.

Roma, pues, parecía que volvía a la normalidad... hasta que todo cambió.

El punto de inflexión para Calígula parece haber sido una misteriosa enfermedad que lo llevó al borde de la muerte.

¿Tal vez intentaron envenenarle? ¿Tal vez dicha enfermedad solamente destapó un estado mental latente? ¿O tal vez, y como buen actor que había fingido ante Tiberio para ganarse su confianza, Calígula había fingido también ante el pueblo y ahora se presentaba la ocasión para mostrar su verdadero yo?

Sea cual sea la respuesta a esta pregunta, lo cierto es que el nuevo Calígula que salió vivo del trance al que lo expuso la enfermedad, se reveló como un personaje demente, esclavo de sus vicios y autócrata en la peor de sus versiones.

Empezó con un reguero de asesinatos inducidos, de personajes que se habían opuesto a él o, incluso, habían prometido sacrificar su vida a los dioses para salvar la del emperador (moraleja: vigila con lo que prometes, y a quien se lo prometes...).

Fruto de las malas decisiones en materia de política económica, se vivió en el Imperio una época de crisis y hambruna.

Calígula buscó resolver la crisis económica con una serie de medidas desesperadas, que pasaban por el incremento de los impuestos (algo tan impopular hoy como entonces) o, incluso, pedir dinero directamente a la plebe (el más bajo estamento social y más pobre).

A la par, el mismo Calígula gastaba cantidades ingentes de dinero en proyectos disparatados, como la construcción de dos barcos enormes en el lago Nemi (los gigantes de Nemi), de unos ochenta metros de eslora, o un puente de pontones (uniendo barcos entre ellos) a lo largo de la bahía de Bayas.

La demencia también se dejaba ver en el trato que Calígula tenía con Incitatus, su caballo, al cual llegó a construir su propia villa y sus sirvientes, o a elegir a una dama noble para que... el animal copulara con ella. El punto más álgido habría sido la intención de Calígula de nombrar cónsul al caballo... (aunque, a tenor de cómo se manejaban algunos políticos de entonces como los de ahora, tan mal, seguramente no lo iba a hacer...).

En lo militar, la campaña que debía hacer contra Britania acabó en un bochornoso ridículo, con sus legionarios recogiendo moluscos en la costa gala.

Calígula se creía la encarnación del dios Júpiter, y decidió atacar a su “hermano” Neptuno, dios del mar. Así que, ni corto ni perezoso, hizo que sus legionarios lanzaran sus venablos al mar y recogieran los moluscos como botín de guerra que sería después enviado a Roma.

¿Y la invasión de Britania? Para Calígula, una misión secundaria que debería esperar...

Tras cuatro años de reinado, la mayoría de estos repletos de arbitrariedades y felonías, Calígula era asesinado a puñaladas por varios soldados de la Guardia Pretoriana el 24 de enero del año 41 d.C.

No obstante, parece ser que en la conjura habían tomado parte, o por lo menos estaban al tanto, numerosos miembros de las clases altas romanas, de los caballeros e incluso senadores.

La historiografía reciente parece querer desmentir algunas de las terribles afirmaciones que pesan sobre Calígula, que podrían haber sido realizadas falsamente o, más probablemente, exageradas, por sus detractores.

> Siguiente >>>

Buscador

Recientes