Biografía de Benito Mussolini

Aunque empezara políticamente en el extremo opuesto al que acabaría, en las filas socialistas, ha acabado pasando a la historia como una de las bestias negras de la ultraderecha, fundador del movimiento fascista. Admirado por Hitler al principio de la carrera política de quien estaba llamado a superar a su maestro y convertirse en la encarnación del mal en la Tierra, el fue Benito Mussolini, y esta es su historia.

Mussolini nació en julio de 1883 en Predappio, en la región de Emilia-Romaña, como Benito Amilcare Andrea Mussolini, de familia humilde y de ideales de izquierda.

Sin ir más lejos, su padre era un dirigente socialista local, y desde joven, el futuro Duce vivió en un entorno muy politizado y marcadamente anticlerical. Es así que, en 1900 se inscribe, mientras cursa estudios, en el Partido Socialista Italiano por influencia paterna.

En 1902 se traslada a Lausana (Suiza) huyendo del servicio militar obligatorio imperante en su país. En la ciudad suiza empieza a desarrollar su actividad sindical como agitador por todo el país, y periodística publicando en diversos rotativos de corte izquierdista. Tiene problemas con las autoridades locales, que lo expulsan dos veces del país, pero consigue superar ambas expulsiones con la ayuda de sus correligionarios socialistas.

No debe extrañarnos esta militancia anti-militarista de Mussolini, quien ansiará después conquistas militares italianas para recuperar el antiguo Imperio Romano, puesto que en socialismo en el que milita en esta época de su vida es una doctrina pacifista e internacionalista.

En 1904 aprovecha una amnistía que su país, Italia, otorga con motivo del nacimiento del heredero al trono, y regresa haciendo el servicio militar. Tras ello, obtendrá diversos trabajos como profesor, pero no abandonará su faceta de activista de izquierdas ni la de periodista.

Mussolini era culto e inteligente, tenía don para escribir y para encandilar a quien le escuchaba con su bien nutrida dialéctica, para la cual tenía no solamente argumentos si no también recursos estilísticos y estéticos. Cualidades que le auparían al poder en el futuro.

En 1909 dirige el periódico L'Avvenire del Lavoratore (El Porvenir del Trabajador), un diario de corte izquierdista para el cual había colaborado como redactor.

Será en esa época en la que también conocerá a su futura esposa, Rachele Guidi, aunque antes vendrá otro breve matrimonio (de quien nacerá su primogénito, muerto durante la guerra) con Ida Dalser, una italiana con raíces germanas de la región del Trentino (Tirol del Sur para los austríacos). Con Guidi se casará durante una estancia en el hospital a raíz de haber sido herido en la Gran Guerra.

Como dato curioso que nos da una imagen del cambio radical que dará en un futuro, en 1911 Mussolini es detenido por participar en una manifestación contra la guerra de conquista emprendida por Italia en la actual Libia contra el Imperio Otomano.

Mussolini era un radical de izquierdas, y como agradecimiento a su compromiso, el ala radical del partido le concedió, a su victoria en el Congreso de 1912, la dirección del prestigioso rotativo Avanti!, que todavía hoy existe en formato exclusivamente digital.

El estallido de la Primera Guerra Mundial supone un revulsivo para Mussolini, tanto en el plano político como en el personal.

Como buen socialista, al principio es partidario de la neutralidad de Italia, pero acaba cambiando de opinión para demandar, públicamente y a través de Avanti! la intervención en el conflicto.

Enfrentado a sus compañeros de partido, dimite primero de su puesto de director en el diario, y un mes más tarde es expulsado del PSI.

Estos meses constituyen un punto de inflexión para el futuro Duce, que fundará un nuevo medio de comunicación en forma de periódico, Il Popolo d’Italia, cuya línea editorial ya empezaba a marcar la evolución que seguiría, a partir de ahí, el pensamiento mussoliniano: nacionalista e intervencionista.

Consecuente con sus ideas, cuando en 1915 Italia entra en la guerra al lado de la Entente -y tras ser cortejada también por los Imperios Centrales-, Mussolini va al frente.

Su transición ideológica desde el socialismo hasta el nacimiento de una doctrina nueva (el futuro fascismo) se completa en las trincheras, en las que, además de desarrollar su pensamiento, también tiene tiempo para ganarse un ascenso por méritos de combate, aunque también tuvo que pasar una temporada en un hospital en la retaguardia por una herida.

Fue en esta estancia en la cual se casó con Rachele Guidi, quien sería su esposa hasta su muerte en 1945, y pese a su famosa relación con Claretta Petacci.

Mussolini pasa de un extremo al otro del arco ideológico y, en Milán, funda en 1919 los Fasci Italiani di Combattimento, formaciones paramilitares que se nutren esencialmente de los veteranos de guerra italianos (de forma muy parecida a los Freikorps alemanes) descontentos con lo que la guerra le ha proporcionado a su país.

Y es que la ciudadanía italiana queda descontenta con las escasas ganancias territoriales que su país ha obtenido, pese a las promesas británicas y francesas por entrar en la guerra a su favor, y al esfuerzo llevado a cabo por la población en forma de sangre en las trincheras.

En 1921 nace, también de su mano, el Partito Nazionale Fascista, con el cual Mussolini saldrá elegido diputado en las elecciones de ese mismo año.

Empezó con ello un periodo de violencia por parte de los fascistas contra socialistas, comunistas, anarquistas y, en general, todos aquellos de ideología izquierdista. Violencia que, como en Alemania, era tolerada y hasta alentada desde el poder establecido, el cual tenía miedo de que en las calles de Europa occidental acabara sucediendo una revolución de cariz izquierdista como la que había pasado en Rusia.

En 1922 Mussolini decide dar un asalto al poder, aupado precisamente por los mismos factores que habían permitido la violencia callejera contra sus enemigos de izquierdas: el miedo a la revolución socialista o comunista, y el beneplácito de los poderes públicos y fácticos, que creen que podrán controlar a Mussolini y los suyos (el mismo error que cometerán en Alemania con Hitler).

1922 es el año de la llamada Marcha sobre Roma que, en realidad, comienza en todo el país con la ocupación de infraestructuras clave por parte de los fascistas, y termina con el rey Víctor Manuel II encargando a Mussolini la formación de gobierno.

El mismo monarca parece estar satisfecho con la opción de Mussolini, pues aborta las peticiones de varios generales de intervenir con el ejército contra los fascistas.

La revolución fascista se hace con el control de ciudades como Génova, Parma y Trento, y cuando se empiezan a ocupar edificios gubernamentales en la misma Roma, Victor Manuel II cede.

Mussolini se desplaza a la ciudad eterna desde Nápoles, dónde ha concentrado hasta a 40.000 fascistas, amenazando con tomar el poder por la fuerza.

Desde el principio, al gabinete de Mussolini y a su misma persona como Presidente del Consejo de Ministros, disfrutaron de amplios poderes, que se le otorgaron para que devolviera la situación a la normalidad.

Tal y como Hitler a imagen y semejanza de Mussolini, este último institucionalizó su partido, identificándolo con el estado. Así, por ejemplo, los Camisas Negras (nombre con el que eran conocidos popularmente los Fasci di Combattimento por su vestimenta) pasan a ser una milicia de seguridad institucional y nacional, con poderes para actuar de forma parecida a la de un cuerpo policial.

En el plano exterior, Mussolini empezó a mostrar músculo con sus vecinos, empezando por los más débiles, como Grecia y Albania.

Fruto de esta agresividad, el Duce (título equivalente al de caudillo en español) consiguió certificar con reconocimiento internacional el dominio italiano del Dodecaneso, y la italianidad de Fiume, reconocida por Yugoslavia.

En las elecciones de 1924 el PNF obtuvo una mayoría absoluta, y también se produjo el escándalo Matteotti, el asesinato del diputado socialista así apellidado que, lejos de hacer tambalear el poder absoluto de Mussolini, lo reforzó.

La política económica durante el régimen fascista se encaminó a conseguir la autosuficiencia en varios aspectos, como el alimentario, así como la industrialización.

En 1926 Italia imponía un protectorado a Albania, y en diciembre de 1934 estallaba un incidente fronterizo entre Etiopía y la colonia italiana de Somalia, que es utilizado por los italianos como excusa para declarar la guerra a Etiopía. La conquista del territorio permitiría acercar los territorios somalíes y libios de Italia, ya sólo con los territorios británicos de Sudán y Egipto entre ellos.

En la guerra se utilizaron medios (como ataques con gases contra soldados infraequipados o contra civiles) que ya denotan que el pensamiento de Mussolini había cambiado desde el internacionalismo socialista, hasta un nacionalismo racista, del cual está impregnado el ideario fascista.

Y no podemos desvincular a Mussolini de dicha campaña, pues fue él el responsable de autorizar el uso de armas químicas, así como de muchas otras decisiones operativas. En 1938 el Duce firmaría una serie de leyes raciales.

Pese a que Itália no colaboró tan activamente en la “cacería” contra los judíos emprendida por los nazis, ello no fue porque Mussolini careciera de antisemitismo, sino más bien porque dedicó los recursos necesarios para ello a otros menesteres.

El rechazo internacional de los países que Mussolini creía podían ser amigos (como la Gran Bretaña), lleva al Duce a entenderse con la Alemania hitleriana, un aliado inicialmente no deseado ni al que el dictador italiano considera mucho.

En 1936, y junto a su nuevo aliado (con quien firmará el Pacto de Acero más adelante) interviene en apoyo del bando rebelde en la Guerra Civil Española, con el objetivo secreto de apropiarse de las Islas Baleares tras el conflicto, un botín de guerra que no llegará a tener nunca. Su implicación en el conflicto ibérico es grande.

La entrada de Italia en el conflicto europeo al lado de Alemania solamente se produciría en 1940 contra una Francia ya virtualmente derrotada y por miedo a quedarse sin botín.

Pese a que Mussolini tenía en su mente recrear de alguna forma el antiguo Imperio Romano convirtiendo al Mar Mediterráneo nuevamente en un Mare Nostrum, sabía que el país no se encontraba preparado para la guerra, ni militarmente, ni tecnológicamente, ni socialmente, como demostraron a lo largo de todo el conflicto, convirtiéndose en el blanco de los aliados por ser el punto flaco del Eje.

Sin embargo, Mussolini acepta entrar en el conflicto atacando Francia por miedo, y por haber juzgado que los alemanes acabarían ganando, y que si no estaba a la mesa con los vencedores, no estaría.

Ya la campaña contra Francia resulta en un estruendoso fracaso, que se repetirá contra Grecia (forzando a la intervención germana en los Balcanes, que retrasaría con consecuencias dramáticas para el Eje la invasión de la URSS), y en África contra los británicos.

El país no acompañaba los sueños imperiales de Mussolini, y él lo sabía, pero es probable que buscara una forma de motivar a sus conciudadanos con éxitos y consecuciones militares. Sólo encontró el fracaso y la dependencia cada vez más fuerte de Berlín.

La gota que colmó el vaso de los italianos fue el inicio de la invasión aliada al país, en 1943.

El Gran Consejo Fascista solicita su destitución, que solamente puede hacer -y hace- efectiva el rey. Mussolini es encarcelado en la isla La Maddalena y posteriormente trasladado al Gran Sasso, un reducto alpino del cual es liberado por fuerzas alemanas para ser puesto al frente de la República Social Italiana, un estado títere que prosigue la lucha en el bando del Eje.

Mussolini se siente traicionado y ya sin fuerza ni motivación. La República Social Italiana es una fuga hacia adelante, pero el Duce ve ante sí la derrota y su negro futuro.

Con el desmoronamiento de la resistencia alemana en Italia y el fin de la República de Saló, Mussolini intenta escapar hacia Suiza pero cae en manos de los partisanos que luchan por el bando aliado, siendo fusilado y su cuerpo, así como el de sus acompañantes (su amante Clara Petacci entre ellos) exhibido colgado en una gasolinera de Milán.

El porqué de su rápido ajusticiamiento no queda claro, y algunas voces han apuntado a una teoría que está ganando enteros en los últimos años: Mussolini dispondría de correspondencia confidencial con Churchill en la que este le propondría que Italia entrara en guerra a favor de los aliados y contra Alemania a cambio de algunas posesiones coloniales francesas.

Parece ser que Mussolini pretendería negociar por su vida con esta documentación, cosa que obviamente no interesaba al gobierno británico. La posible implicación de un miembro del servicio secreto británico en su captura y ejecución es la que da combustible a esta hipótesis.

El legado de Mussolini a la historia es el nacimiento de la ultraderecha tal y como la conocemos hoy.

El fascismo italiano fue un modelo para su homólogo español y para el nazismo pangermánico, así como influyó en el Estado Novo portugués, además de dejar sentir su influencia y sus formas de hacer en otras dictaduras y movimientos supremacistas.

En Italia, la actual ultraderecha sigue reivindicando su figura, e incluso una nieta suya (Alessandra Mussolini) ha estado metida en política, apoyando las mismas ideas que su abuelo.

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