Biografía de Antonio Meucci

Antonio Meucci fue el inventor del teléfono, sin embargo, su alicaída economía le impidió patentar el evento oportunamente, y su colega Alexander Graham Bell terminó ganándole de mano y lo patentó a su nombre. Durante muchas décadas, e incluso hoy, hay gente que sigue pensando que esta creación que cambió la vida de las telecomunicaciones se le debe a Bell y no fue así.

Su nacimiento se produjo en Italia, en la ciudad de Florencia, el 13 de abril del año 1808. Se formó en ingeniería química e industrial en la escuela de Bellas Artes de su ciudad natal. Trabajó en el área técnica del teatro de la Pérgola en Florencia y en el Tacón de Cuba.

Una serie de coyunturas políticas lo llevaron al exilio para siempre, primero a Cuba, donde comenzó con los primeros experimentos que desencadenaron la creación del teléfono, y una vez en Estados Unidos montó una fábrica de velas.

A mediados de la década del cincuenta, el teletrófono, como lo llamó, se convirtió en un hecho frente a la necesidad de contar con un recurso efectivo, que le permitiese, comunicarse desde su oficina con el dormitorio de su esposa que padecía un severo reumatismo que limitó sus desplazamientos.

Poco a poco, a fuerza de su trabajo, honestidad y camaradería con sus compatriotas se lo reconoció como un emblema de la colectividad italiana en Norteamérica.

La falta de recursos económicos y su incapacidad para comunicarse a través del inglés, impidieron que patente su invento y le dejó el camino libre a Bell, mucho más astuto, que usó estas contrariedades de su "rival" para sacar réditos y llevarse todos los laureles.

Meucci sí patentó un filtro para depurar el agua y la parafina para la creación de velas que hasta su desarrollo se creaban a partir de grasas animales altamente tóxicas.

Una sucesión de eventos desafortunados le impidieron patentar su invención como debiera haber sido, primero la no disposición del dinero que costaba el trámite, solo le alcanzó para un aviso legal que tuvo una vigencia de un año y que luego renovó dos veces. A la ausencia de solvencia se le sumó un accidente que lo dejó gravemente herido, y entonces, su esposa, para conseguir algo de dinero, le vendió sus trabajos a un prestamista.

Esos documentos que avalaban su invento no fueron encontrados y se iniciaron una serie de procesos judiciales que terminaron una vez que murió; en el camino se pudieron comprobar muchas complicidades y sobornos entre la oficina de patentes y Graham Bell.

Recién en junio de 2002 el Boletín Oficial de la Cámara de Representantes de Estados Unidos le reconoció su invento, pero claro, era tarde, porque él murió el 18 de octubre del año 1889, a los 81 años, en Staten Island, muy amargado por toda esta situación tan injusta.

Estuvo casado con la diseñadora de vestuario Ester Mochi, a quien conoció durante su trabajo en el teatro en Florencia.

Buscador

Recientes