Historia de Adonis

La expresión “ser un adonis” o “parecer un adonis” es utilizada hoy en día para referirse a un hombre de gran belleza física y que, además, lo sabe y se lo cree.

No obstante, hunde sus raíces... ya sé que al ser un artículo sobre mitología griega, debería decir que en esta, pero la verdad es que el mito de Adonis es anterior a la religión griega clásica.

El mito de Adonis se origina en la antigua Fenicia como Tammuz y se expande por el Mediterráneo, influyendo también a los antiguos griegos entre otros pueblos.

Sobre su nacimiento, hay varias leyendas, aunque la más común es la que lo sitúa como hijo de Mirra y Círias, dándose la circunstancia de que ambos pertenecen a la zona oriental del Mediterráneo, una forma sutil que la mitología griega tiene de confirmarnos el origen de este mito.

En su huída, Mirra (que resulta que era hija de Círias, con lo cual Adonis es fruto del incesto...) es ayudada por Afrodita, que la transforma en un árbol (sí, lo habéis adivinado, el árbol de la mirra precisamente), y de la flecha que su padre-amante clava en el árbol, nace Adonis.

Adonis ya poseía una gran belleza desde el momento de su nacimiento. Es por ello que se lo disputan Afrodita y Perséfone.

La primera se dió cuenta del “hechizo” que le hacía sentir la belleza del pequeño al cuidarlo, por lo que lo dió a la segunda, que también cautivada, rehusó devolver al pequeño retoño.

La discusión entre Afrodita y Perséfone fue zanjada -como tantas otras- por Zeus, que dictaminó que Adonis pasaría cuatro meses al año en compañía de cada una de ellas, y los demás cuatro meses restantes sólo.

En la muerte de Adonis interviene nuevamente Afrodita, aunque indirectamente, ya que el motivo de su muerte es ella.

La diosa Artemisa quería venganza por la implicación de Afrodita en la muerte de Hipólito, por lo que mandó a un jabalí para que acabara con la vida de Adonis.

La adoración de Adonis consistía en ceremónias mistéricas.

Esto quiere decir que su culto no estaba abierto a todo el mundo y prácticado en lugares más o menos públicos y conocidos, sino que se hacía en secreto y para asistir se necesitaba de un conocimiento que solamente tenían los iniciados.

Otros cultos griegos clásicos y de otras religiones también eran mistéricos.

Arte Fotolia: Vitaliy Hrabar, Archivist, murasal

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